textos / audiovisuales / links / bibliografía

Entrevista

ENTREVISTA A FLOREAL M. ROMERO REALIZADA POR EL PORTAL FRANCÉS  BALLAST

Floréal Romero : « Communalisme : se doter d’une orga­ni­sa­tion » 1/2

Traducción Cristina Fernández Orellana, primera parte y María Retamero para la segunda

 

PARTE I DE LA ENTREVISTA

Es en Andalucía donde vive Floreal M. Romero con sus aguacates, fiel a la agricultura campesina, y es en Francia donde ha venido a hablarnos, también aquí, de un proyecto político de vital importancia para él: el comunalismo (o «municipalismo libertario»). Su último libro, Actuar aquí y ahora, invita —a la luz de las numerosas ocupaciones de plazas, de la revolución de Rojava y de la revuelta de los chalecos amarillos— a estructurar ese movimiento para salir del capitalismo y afrontar el peligro ecológico que se avecina. Aunque se apresura a puntualizar: el comunalismo no es un «proyecto acabado». Sabemos que Bookchin fue un teórico de primer orden del mismo y que lo consideraba viable siempre y cuando —y este punto no era negociable— este proceso revolucionario se coordinara a nivel regional, nacional y continental. No es de sorprender que, tras haber co-escrito en 2014 la obra Murray Bookchin: por una ecología social y radical, Floreal Romero le dedique de nuevo más páginas. Hoy hablamos con él en profundidad sobre su obra.

Estamos viendo cómo hay una corriente «ciudadanista» que se está apropiando del municipalismo y del comunalismo. ¿Crees que la revolución comunalista ha acabado diluida en las templadas aguas de la socialdemocracia?

En efecto, existe un sector «ciudadanista» que se ha adueñado del municipalismo (eso sí, sin ponerle la etiqueta de «libertario»). Ahí es donde empieza la ambigüedad y podemos entrever qué hay debajo de esa alfombra que oculta la nueva estrategia que se ha elaborado a raíz del deterioro y la desorientación de la «izquierda». Y no me refiero a la izquierda entendida como el marco de una sensibilidad humanista que coincide por completo con el pensamiento comunalista —la lucha contra las injusticias, la riqueza, el racismo, el sexismo, el militarismo, en favor de un servicio público real— sino a otra con un sentido más restringido: el de una estrategia de partidos políticos situados a la izquierda en el vector de la democracia representativa. Esa izquierda, con su multiplicidad de partidos, comulga con las reglas del juego electoral, que se establecen en el estricto marco de las instituciones del Estado. A finales del siglo XVIII, tras la revolución inglesa, americana y francesa, la burgesía se encargó de analizarlas y rediseñarlas. Por eso, el color de un partido nunca será decisivo…

¿Por qué?

«Durante mucho tiempo la izquierda ha hecho caso omiso de los desastres colaterales, como el de la destrucción de lo vivo»

El objetivo de este gobierno sigue siendo invariablemente el de favorecer la economía de la que depende por completo. So pena de morir, debe impulsar un flujo óptimo de operaciones comerciales, sea cual sea la naturaleza de estos intercambios (como por ejemplo armas), ya que la valorización del valor es su único fin. De ahí la necesidad de frenar la lucha de clases por todos los medios: tanto con zanahorias como con palos. La izquierda ha embelesado a una parte del proletariado con la ilusión de una posible emancipación política: conseguir el socialismo a través del Estado. Unos han elegido la vía parlamentaria, otros la de la insurrección. Tras el fracaso de la revolución bolchevique y el acceso al consumo posterior a los años 1930, y mucho antes de la caída del muro de Berlín, una parte de la clase obrera ya había guardado en el cajón esa ilusión emancipadora. Desde entonces, la izquierda no ha dejado de desempeñar, a cara descubierta, el papel de moderador que le han asignado: oponerse a la «voracidad liberal». Además, durante mucho tiempo ha hecho caso omiso de los desastres colaterales, como el de la destrucción de lo vivo, y ha acabado perdiendo toda credibilidad ante su electorado.

¿Es en ese momento cuando emergen los movimientos ciudadanistas ?

En parte, han tomado el relevo de los movimientos obreros de los años 1990. Estos ciudadanismos están formados sobre todo por las clases medias y se han visto afectados por las sucesivas crisis del capitalismo y de la ofensiva liberal posterior a los años 1980. Denuncian la globalización y acusan a las multinacionales y a las finanzas de todos los males. Los responsabilizan del empobrecimiento de las clases más desfavorecidas, de la mercantilización de lo vivo y de los desastres ecológicos, de la usurpación de los pueblos de lo común y de su soberanía alimentaria… Pero aunque se cuestione el capitalismo, tan solo se hace mayoritariamente por su vertiente neoliberal. Este movimiento, heterogéneo y sin una organización particular ni adherencia a un partido, que podríamos situar ideológicamente cercano a ATTAC, carece de una estrategia y de una herramienta política propias. Los debates y las manifestaciones se suceden sin lograr estructurar una verdadera oposición, y menos aún un proyecto político. En ese sentido, Frédéric Lordon[1] tiene razón cuando afirma: «Debatir por debatir, pero sin zanjar nada, sin decidir nada y sobre todo sin cambiar nada. Una especie de sueño democrático inocuo pensado precisamente para que nada surja de él». Es de ese movimiento ciudadanista de donde surge el municipalismo en España.

¿Podrías hablarnos precisamente de cómo se origina ?

Todo empieza en 2011, tras la crisis de 2008. Miles de personas de todo el país ocupan las calles en una movilización que no se veía desde hacía años. Gracias a los eslóganes «No somos mercancías en manos de políticos y banqueros» o «No nos representan», surgieron asambleas de manera espontánea en las plazas de pueblos y ciudades. Y lo llamativo es que nada más ni nada menos que el 68% de la población apoya las reivindicaciones y las manifestaciones del 15M. Estas asambleas empiezan a movilizarse sobre temas concretos, como el apoyo a las víctimas de los créditos hipotecarios, desahuciadas de sus hogares. Las luchas se intensifican y, en Cataluña, los manifestantes llegan incluso a rodear el parlamento en Barcelona. La represión es violenta y las manifestaciones pierden pulso, pero no cesan. Sin embargo, una válvula de seguridad va a permitir extinguir la crisis : la huida electoralista dentro del marco de la democracia representativa.

Mencionas a Podemos…

«Lejos de diluirse en las templadas aguas de la nueva socialdemocracia municipalista, la revolución comunalista es su antítesis».

En el conjunto del país, una parte del electorado, cansado tras casi 40 años de bipartidismo, ha seguido efectivamente esta cometa populista. Surfeando sobre los lemas del 15M, este partido, con cinco diputados en las elecciones europeas de 2014, consiguió erigirse en la cuarta fuerza política. En Cataluña, por su tradición de lucha —y gracias también a la torpe represión del poder central—, el relato nacionalista se amplifica y se instala. Pero ese «catalanismo», aun siendo mayoritario, no puede absorber toda la contestación: Podemos no logra sacar rédito. Cataluña posee una fuerte tradición libertaria y hay un partido nacionalista, la CUP, que ya reivindicaba el municipalismo: afirma haberlo ya instaurado en algunos pueblos y ciudades al tiempo que tiene representantes en el parlamento de Cataluña. Ada Colau, salariada de una ONG que lucha contra las víctimas del crédito hipotecario, militante que goza del apoyo de los movimientos sociales, se presenta a las elecciones municipales con un partido, Guanyem, próximo a Podemos. Con el apoyo de los movimientos sociales, se alza con la alcaldía de Barcelona. El equipo de militantes que formaba la lista municipalista saltó de la calle a los despachos sin pasar por la oposición —el lugar que pensaban ocupar en un primer momento— y el discurso más militante se mezcla con el discurso institucional. La renovación del Mobile World Congress, rubricada días más tarde de la investitura de Ada Colau, fue cuando menos relevador…

 

¿A qué te refieres?

Por mucho que su nuevo partido, Los comunes, se autoproclamara de izquierda y «antisistema», dejaba claro la línea que iba a seguir: no iban a ser una fuerza de bloqueo. Por si quedara alguna duda, cuando estalla una huelga en el metro con ocasión de este evento, es rápidamente reprimida: esta ha sido la tónica de este municipalismo. Poco a poco, a pesar de haber ampliado la toma de decisiones mediantes consultas en línea —aunque sobre todo a los miembros del partido—, y pese a los innegables avances en materia social, los movimientos sociales, aquellos que la apoyaban se han ido desengañando. Cuatro años más tarde, en 2019, para Ada Colau, la alcaldía bien merece tragarse el sapo de una investidura con los votos del ex primer ministro francés, Manuel Valls. En Barcelona y en muchas otras ciudades autodenominadas municipalistas, como Madrid o Grenoble, estamos asistiendo a un proceso socialdemócrata acompañado de una táctica populista transversal, con su figura carismática. Salvo que estamos hablando de una metrópolis, un mini Estado. Y sin ánimo de ofender a las personas de buena fe que han sido investidas, me veo en la obligación de incomodarlas, ya que, objetivamente, pese a todo, no es más que una expoliación de una parte de una socialdemocracia que, haciendo uso del renombre y de algunas ideas sacadas de aquí y allá del pensamiento de Bookchin, avanza disfrazada con la máscara del municipalismo libertario. Así pues, pese a quien pese, con esta forma de actuar, los municipalistas la están despojando de toda su coherencia revolucionaria. Lo mismo ocurre —e igual de lamentable es— cuando se refieren a los movimientos revolucionarios afines al pensamiento comunalista, como el confederalismo kurdo o el movimiento zapatista. En la práctica, el municipalismo de esas personas se asemeja mucho más al libertarismo y a la cuarta revolución industrial que se avecina. Sin embargo, lejos de diluirse en las templadas aguas de la nueva socialdemocracia municipalista, la revolución comunalista es su antítesis, el contrapeso. Nuestro desafío es crear un movimiento digno de tal nombre.

 

En tu libro mencionas una «ambigüedad» en Bookchin: su relación con las elecciones municipales. Y sin embargo, él les daba importancia. ¿Por qué opinas que ese instrumento es un callejón sin salida?

En materia ideológica, a Bookchin le importaba mucho su coherencia. Como toda persona que se proponga elaborar un pensamiento emancipador, sin perder en ningún momento un eje rector, no podía dejar de lado la evolución de esta última, pues formaba parte de una sociedad en constante evolución. Es en ese punto donde afloran en sus obras variaciones, incluso contradicciones (aunque no más, y sin duda no menos que en los escritos de Marx o Proudhon). Por sus orígenes sociales, su compromiso precoz, su gran sensibilidad y la tenaz voluntad de comprender, Bookchin enseguida adquirió unas buenas herramientas de análisis teóricos. Al mismo tiempo, su implicación en las luchas sindicales, ecologistas y en favor de los derechos civiles le obligó a impregnarse de otras sensibilidades, otras corrientes de pensamiento. Ese codo a codo agudizó sus investigaciones analíticas y nutrió su proyecto emancipador. Para él, como para Castoriadis, es indispensable referirse a un imaginario, a un horizonte.

 

¿Cómo lo definirías?

«Bookchin extraerá también de las experiencias del pasado elementos y herramientas necesarias para superar este capitalismo».

Para la sociedad, consistiría en abandonar esa desconexión de lo tangible, en poner los pies en la tierra, en reincorporar el medio natural en su relación dinámica y simbiótica, a partir de lo concreto de lo local, y todo ello con el objeto de extenderlo territorialmente. Y luego, a escala mundial. Pero este imaginario no es una abstracción: toma cuerpo a partir de lo que existe y debe enraizarse en la parte sana de lo que hay, aquí y ahora. Bookchin propone este imaginario, la ecología social, porque supone a la vez una transformación total de nuestra sociedad capitalista en su relación de producción y la indispensable y drástica descentralización de la misma. El capitalismo, con su inherente dinámica apremiante de «crecer o morir» y su consiguiente acumulación, es la que provoca esos verdaderos cánceres estructurales que llamamos «metrópolis». Esa sinergia nos precipita a la catástrofe social y ecológica. Pero Bookchin extraerá también de las experiencias del pasado elementos y herramientas necesarias para superar este capitalismo. Así pues, se inspirará en la historia de los llamados pueblos «pre-alfabetizados», y a continuación en todos los intentos de emancipación que habido hasta finales del siglo XX. Estos son los cimentos de su proyecto político: el municipalismo libertario, que acabó convirtiéndose en «comunalismo». En este proyecto, los medios comprenden los fines y la política es a la vez un enclave de poder abierto a todo el mundo y una emanación de lo social en su relación simbiótica con el medio natural, de forma que ambos se retroalimentan. La ambigüedad que percibo en Bookchin tiene que ver, de hecho, con esa relación entre fines y medios. Veo una contradicción en su relación con las elecciones municipales, a la que tampoco le doy mayor importancia. Y eso por dos razones: por un lado, tan solo tengo acceso a sus escritos por sus traducciones en francés y en español y, por otra parte, apenas conozco el contexto político específico de los Estados Unidos (parece que ese país, por su Constitución, ofrece un mayor margen de maniobra en dicha escala). Así que sí, es cierto que Bookchin daba importancia a las elecciones municipales. De hecho, afirmó: «Si no nos presentamos a las elecciones municipales, no tendremos acceso al poder». Y añadió que: «el municipalismo libertario no es un intento de construir un gobierno municipal más progresista o más respetuoso con el medioambiente». Incluso llegó a decir que «este tipo de orientación reformista haría que los esfuerzos de un movimiento para crear y extender las asambleas ciudadanas y su principal objetivo, transformar la sociedad, quedaran neutralizados».

Y aunque comparto este análisis, sin embargo me parece contradictorio con ese otro discurso donde deja abierta la posibilidad de que un candidato electo en estas elecciones pueda participar en una corporación municipal. Muchos lo considerarían una delegación de poder que menoscabaría el imaginario de la democracia directa. No obstante, no soy demasiado crítico al respecto ya que, en el caso de un pueblo pequeño, casi todo el mundo formaría parte del concejo municipal… Habría que ver hasta donde dejaría el Estado «jugar» a ese concejo con su derecho institucional y qué pasaría si decidiera municipalizar la propiedad privada, por ejemplo. Pero la verdadera contradicción que veo es esa idea de tomar el poder de un ayuntamiento, una institución del Estado, para «devolvérsela» a la ciudadanía. A menos que se tratara del estado final, del golpe de gracia infligido a las instituciones del Estado, y por ende del capitalismo, en un territorio más extenso… Pero para eso tendría que haber antes una relación de fuerzas a nuestro favor, a través de un amplio movimiento estructurado que contuviera el germen de nuestras propias instituciones paralelas.

Pero precisamente los municipalistas «ciudadanistas» se han abierto camino esgrimiendo esa puerta de acceso electoral.

Es precisamente por culpa de esas indefiniciones por las que esos pensamientos parásitos pueden instalarse y diluirse.

Entonces, ¿eres por definición contrario a cualquier elección municipal?

«Podemos utilizar las elecciones municipales como una gimnasia retórica, para impregnarnos de los entresijos del poder»

No de manera sistemática. Podemos utilizarlas como una gimnasia retórica, para impregnarnos de los entresijos del poder y defender la creación de asambleas decisorias. En las ciudades, dependerá de la posibilidad de trabajar en un espacio propicio para desarrollar la comunicación y la unión entre los movimientos sociales, para fomentar el cara a cara entre las personas. En mi libro, hablo de esta posibilidad como táctica local, siempre y cuando se inscriba dentro de una estrategia más amplia, que invite a los movimientos sociales a firmar un pacto y a que ellos mismos se unan federándose para y por la dimensión política comunalista.

Olivier Besancenot y Michael Löwy le reprocharon a Bookchin su entrega al «culto del localismo», impidiendo así la instauración de una «planificación» eco-socialista a una escala mayor. ¿Qué piensas de esa crítica?

Lo que siempre me sorprende de algunas personas dotadas de una cierta capacidad intelectual y de una sensibilidad afín, es su simplicidad a la hora de aludir el pensamiento de Bookchin. Tras alabar en uno de sus libros el papel pionero de Bookchin cuando predijo, ya en 1965, «varias ideas fundamentales, adelantadas a su tiempo, con las cuales no podemos sino comulgar», Besancenot y Löwy subrayan el carácter radical de su crítica marxiana de la economía política. Sin embargo, en la página siguiente ya empiezan los reproches: le endilgan la etiqueta de tecnófilo y de adalid de la abundancia. Y por si fuera poco, lo remachan burdamente diciendo: «como si los recursos del planeta fueran ilimitados»… El enfoque de Bookchin sobre la tecnología es mucho más sutil, y va mucho más allá de papel limitado que le asigna el pensamiento dominante, ya sea de derecha, de izquierda o ecosocialista. Su experiencia como obrero en una fundición le permitió entender la ambigüedad de la técnica: «Estandarizado por las máquinas, el ser humano se ha convertido en una máquina». Sin embargo, Bookchin no la consideraba en absoluto «neutra», sino el resultado directo de la «matriz social». Anticipando la emergencia del capitalismo verde, denunció «la invención de tecnologías más aceptables» aquellas que perpetúan «nuestra sociedad antiecológica». Por el contrario, en una sociedad emancipada con «una verdadera percepción de lo necesario», imaginó una ecotecnología localmente integrada como fuente de energía y de materias primas, que contaminara lo mínimo, incluso nada. Gracias a ella podríamos disfrutar de más tiempo para dedicarlo a la política y a todas las dimensiones creativas del ser humano, sin sentirse acechado por la angustia de la precariedad.

Como tantos otros, Besancenot y Löwy llegan incluso a atribuirle a Bookchin un pensamiento casi exclusivamente localista, tanto desde un punto de vista político como económico. Sin embargo, sabía muy bien cómo responder a esa acusación: «En primer lugar, he de precisar que el municipalismo libertario no es localismo, lo cual, hay que señalar, podría fácilmente conducir a una regresión cultural o a un chovinismo reaccionario que, en todos los casos (¡por suerte!), sería económicamente imposible en la mayor parte del mundo. No, no soy localista, sino confederalista, y en concreto un confederalista municipal, es decir, pienso que las asambleas populares de los barrios han de estar vinculadas entre sí mediante personas delegadas (¡no representantes!), que participen en consejos confederales y, a partir de ahí, en consejos regionales, nacionales y continentales, de forma que los poderes administrativos fueran cada vez más limitados. Partiendo de esa interdependencia obligada de las economías locales, Bookchin no rechaza una «planificación». El problema es que esta palabra está muy viciada y recuerda a los desastres humanos y ecológicos de los países del Este. En 1965 escribía también: «Una tecnología al servicio del ser humano ha de basarse en la colectividad local y estar en consonancia con la colectividad local y regional. En esta escala, las fábricas y los recursos compartidos pueden contribuir a la solidaridad entre las distintas colectividades. Puede permitirles confederarse, no solo sobre la base de intereses intelectuales y culturales, sino también de necesidades materiales comunes. Si se cimienta sobre los recursos y la idiosincrasia de cada región, se puede lograr un equilibrio entre autarquía, confederalismo industrial y una división nacional del trabajo». Si queremos llamarlo «planificación», por qué no, pero él tiene el mérito de haber aclarado que no se realizaría por medio del Estado, lo que por otra parte me parece bastante ambiguo en los ecosocialistas…

¿Cómo consigue articular el comunalismo libertario el impulso de las asambleas, forzosamente interclasistas, con la lucha de clases, considerada por Bookchin, como bien dices, como «un frente de lucha más»?

«Besancenot y Löwy llegan incluso a atribuirle a Bookchin un pensamiento casi exclusivamente localista. Sin embargo, sabía muy bien cómo responder a esa acusación».

Para el comunalismo, no se trata de renunciar a la lucha de clases: seguirá produciéndose mientras sigan existiendo las clases. Pero en un momento dado de la Historia, en concreto a partir de 1930, el carácter, el sentido y la finalidad de estas luchas cambió. Con el fordismo y el incipiente consumismo, el proletariado fue perdiendo paulatinamente el papel de sujeto revolucionario que le atribuía Marx y los anarcosindicalistas. La victoria de Franco en España anunció el fin de la mayor revolución proletaria de todos los tiempos. Bookchin tuvo que sufrir en sus carnes, como sindicalista, el fracaso de las huelgas que movilizaron a 500.000 obreros en Estados Unidos en 1948 para llegar a admitirlo. Lo que desmoronó sus convicciones no fue tanto el hecho de haber perdido sino lo que siguió a ese fracaso. En muchas empresas, los dirigentes sindicales accedieron al comité de empresa y numerosos obreros se convirtieron en accionistas de la empresa. Por ello Bookchin concluyó que, en Estados Unidos, en los años 1960 y en un contexto marcado por un sindicalismo mayoritariamente anticomunista, conservador, incluso racista y xenófobo, esta lucha «en el sentido clásico, no ha desaparecido, sino que ha sufrido una suerte mucho más funesta, pues ha sido captada por el capitalismo». Ahora, la función de esta lucha se limita a mantener el poder adquisitivo y a corregir los abusos de las clases dominantes. No fue hasta 1970 cuando surgieron movimientos de rechazo al trabajo y de contestación del orden industrial y sindical.

Pero eso no significa que el municipalismo libertario haya abandonado la noción de lucha de clases: no solo la lleva a las fábricas, sino también al ámbito cívico y municipal. Este frente es importante, incluso fundamental, ya que, aunque Bookchin estuviera convencido de que la revolución no vendría de las fábricas, no hay que menospreciar el papel del proletariado que se encargan de los medios de producción. Ciertamente, estos medios no les pertenecen, pero son ellos, junto con los agricultores, quienes pueden garantizar la transición, el paso de una sociedad capitalista a una sociedad socialista. Por tanto, Bookchin hace un llamamiento a los comités de las fábricas controlados por asambleas de trabajadores, que a su vez se integren en asambleas municipales decisorias, para que cojan las riendas de la producción y de la organización del trabajo. Así es como el comunalismo impulsa la lucha de clases de igual modo que estimula, en las asambleas, la lucha contra cualquier forma de dominación. Ni la patronal, ni siquiera los obreros de las fábricas autogestionadas, son quienes han de decidir el tipo, la calidad y la cantidad de producción para responder a una oferta y una demanda ciegas, dictadas por los mercados: estas decisiones las rubricarán los trabajadores, pero en su condición de miembros de asambleas municipales. Estas deberán definir las verdaderas necesidades de toda la comunidad y de cada uno de los ciudadanos que la integran. Al socializar la municipalidad los medios de producción, el centro del poder económico pasa a la escala local, donde las «ecocomunidades» se encargan de la gestión total de la vida social. Afirmaba: «Debemos irnos a las raíces del término político polis […] para encontrar aquello que estaba en el origen del ideal de la Comuna y de las asambleas populares de la era revolucionaria». La política no puede ser sino cívica, en sentido riguroso, y por tanto también ética, en tanto en cuanto esta cubre el campo de las relaciones humanas, basadas en la racionalidad y la cooperación.

La espontaneidad revolucionaria y las revueltas urbanas están teniendo un cierto auge dentro de la izquierda anticapitalista contemporánea. Bookchin defendía ante todo la organización, la creación de un movimiento que contara con el mayor número de personas. ¿Somos, como él decía, demasiado impacientes?

La necesidad de hacer las cosas rápido se puede entender, ya que la represión es cada vez más violenta. Sin contar con que nos encontramos al borde del precipicio. Pero Bookchin era muy rotundo: «Lo siento pero las calles no nos organizarán. Solo un movimiento serio, responsable y estructurado puede hacerlo». Las fuerzas del orden capitalista han aumentado sus medios de control y represión: vigilancia digital, cámaras, una fuerza de ataque brutal y eficaz… En ese sentido, en la actualidad, no tenemos ninguna posibilidad de derrocar al sistema. Vale, pero imaginemos que se produce un cambio radical de la situación por la fuerza: ¿seríamos capaces de crear algo que se parezca a una utopía sin basarnos en los cimientos estructurales ya construidos?  Tan solo nos podríamos plantear esa improbable hipótesis desde una perspectiva armada, lanzando un ataque contra las instituciones para hacerse con el control del Estado: dicho de otro modo, enterrar cualquier proyecto revolucionario bajo una montaña de cadáveres. La espontaneidad revolucionaria se traduce en dispersión: está abocada al fracaso y a la desesperación. En cambio, si en lugar de oponerla a la organización, vemos esa espontaneidad como un impulso, entonces se vuelve, en sinergia con la organización, una fuente de energía vital considerable. En ese sentido, Bookchin subrayó que un movimiento contracultural necesitaba tanto «estructuras sólidas» y «contra-instituciones» como el aliento salvador de la espontaneidad revolucionaria. La historia de las revoluciones nos muestra que cuanto más organizado, horizontalmente estructurado y culturalmente preparado esté un movimiento, más posibilidades tendrá de prosperar. Todo comienza con la persuasión: partimos de problemas concretos y cuando se produce el efecto contagio, entonces la puesta en práctica consigue despertar entusiasmo por la emoción de la vivencia. Es en ese momento cuando nos embarcamos en un proceso revolucionario. Un proceso ascendente que, con la adhesión del mayor número de personas establece una relación de fuerzas favorable al mismo. Y si el número de personas es una de las condiciones esenciales para la victoria, esta solo será posible con una organización estructurada y con una estrategia cuidadosamente pensada.

Has mencionado a Lordon. En su último libro, adelanta que, ante «el poder totalitario del capital», hay que contratacar con un titán igual de fuerte que él para poder destruirlo. Es lo que él llama «el punto L», de Lenin. Que la solución de «los islotes humanos» es inútil, puesto que las tendencias «proto-fascistas» de los Estados contemporáneos conllevarán la destrucción de cualquier alternativa local y fragmentada…

«La espontaneidad revolucionaria se traduce en dispersión: está abocada al fracaso y a la desesperación. Cuanto más organizado esté un movimiento, más posibilidades tendrá de prosperar».

Il me faut sans doute faire la même remarque que pour Löwy et Besancenot : une lecture superficielle des thèses de Bookchin. Il en est ainsi lorsque Frédéric Lordon déclare : « Je serais tenté de dire que la fédération des communes, elle vient surtout après : elle est ce qui suit le renversement… ne serait-ce que parce que je vois mal les pouvoirs stato-capitalistes laisser prospérer avec largesse une fédération de communes qui aurait pour objectif avoué de les renverser — ça, c’est un scénario à la Bookchin, et je n’y crois pas une seconde. »

Sin duda digo lo mismo que sobre Löwy y Besancenot: es una lectura superficial de las tesis de Bookchin. Por ejemplo, como cuando Frédéric Lordon afirma: «Me atrevería a decir que la federación de comunes vendría sobre todo después: es lo que sigue al derrocamiento… Lo digo porque me cuesta pensar que los poderes estatales capitalistas vayan a dejar que prospere libremente una federación de comunes cuyo objetivo manifiesto sea derrocarlos. Es un escenario propio de Bookchin, y no creo para nada que fuera posible». En primer lugar, Lordon no explica con claridad su «punto L», pero, refiriéndose a Lenin, podemos suponer que está hablando de un déjà vu, un remake del Gran Día de la revolución de 1917, que el comunalismo rechazó (lo mismo que al Estado o al ejército, como tantos otros «titanes» para «destruir» al «poder totalitario del capital»).  Para el comunalismo, puesto que los medios llevan los fines en sus entrañas, esa «destrucción violenta» tan solo haría resucitar al poder en cuestión. Si para Bookchin se trataría de evitar el error estratégico de encomendarse en un titán con pies de barro, tampoco hay que optar por la incongruencia de los «islotes humanos».

Sin referirse directamente a los zapatistas, sus prácticas sí parecen resonar en las palabras de Bookchin : «En todo el mundo existen comunidades cuya solidaridad permite imaginar una nueva política sustentada en el municipalismo libertario, y que podrían finalmente constituir un contrapoder del Estado nación». Partiendo de esa realidad, aludió a la imperiosa necesidad de estructurar una organización para crear un movimiento: «Querría insistir en que, de darse el caso, tendríamos que estar hablando de un verdadero movimiento, y no de casos aislados donde los miembros de una sola comunidad tomaran el control de su municipio y la restructuraran basándose en asambleas de barrio. En primer lugar, tendría que existir un movimiento que transformara las comunidades, una tras otra, y estableciera entre los municipios un sistema de relaciones confederales, un movimiento que constituyera un verdadero poder regional». Y Bookchin añadió: «Sin una organización claramente definida, un movimiento corre el riesgo de caer en la tiranía de la ausencia de estructura. […] Si estudiamos de cerca la historia de las revoluciones pasadas, el principal problema que detecto es justamente la cuestión de la organización. Es un asunto crucial, sobre todo porque en una transformación revolucionaria, la naturaleza de la organización puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Lo que me ha quedado totalmente claro es que los revolucionarios deben crear una organización muy proactiva —una vanguardia, si utilizamos un término ampliamente utilizado hasta que la nueva izquierda lo envenenó asociándolo a los bolcheviques— que posea una paideia propia rigurosa, que cree una adhesión responsable de una ciudadanía informada e implicada, que posea una estructura y un programa y que cree sus propias instituciones, basadas en una constitución racional».

Dotarse de una organización conlleva elaborar una estrategia adaptada al lugar en cuestión. La estrategia zapatista es diferente a la del pueblo kurdo en Rojava. La organización de la relación de fuerzas, ese es el reto de la propuesta estratégica de Bookchin cuando habla de «doble poder». Un doble poder en tensión, para estructurar el movimiento y prepararlo para derrocar el poder del capital y sus instituciones, y no solo a escala local. Intentarlo sería ingenuo, incluso peligroso: para provocar la caída y la inmediata sustitución de las instituciones políticas del capitalismo, y por ende del Estado, por las de una confederación de federaciones municipales, es necesario hacerlo a una escala lo más amplia posible.

Pero oigámoslo de boca de Bookchin: «En el municipalismo libertario, el doble poder es supuestamente una estrategia cuyo objetivo es precisamente crear las instituciones libertarias de asambleas directamente democráticas que se opondrían al Estado y lo remplazarían. Su finalidad sería provocar una situación tal que ambos poderes —las confederaciones municipales y el Estado nación— no puedan coexistir, y donde más tarde o más temprano uno debe suplantar al otro. La confusión entre los medios y los fines es un problema del que siempre ha adolecido el movimiento revolucionario, pero el concepto de doble poder como medio de alcanzar el fin revolucionario y formar una sociedad racional permite salvar el abismo entre el método para construir una nueva sociedad y las instituciones que la estructurarían».

Es eso a lo que te refieres cuando hablas de la necesidad de «vaciar al Estado» que también menciona Bookchin,

Exacto.

Para remplazarlo por…

… nuestra propias instituciones de autogobierno, que se encontrarían latentes, pacientemente construidas en paralelo mientras durara esa tensión entre ambos poderes. Veamos de nuevo qué dice Bookchin: «Sin embargo, una vez que la ciudadanía sea capaz de auto-gestionarse, el Estado puede ser eliminado, tanto en el plano institucional como el subjetivo, y ser remplazado por una ciudadanía libre y educada en asambleas populares». Esa es la grandeza de la filosofía política griega: educar para crear ciudadanos competentes, capaces de pensar y de utilizar armas para garantizar su defensa y las de la democracia.

PARTE II DE LA ENTREVISTA

En los últimos años, el comunalismo ha encontrado representantes concretos a través de dos experiencias que, además, son muy diferentes: la de Rojava y los chalecos amarillos. La revolución llevada a cabo en el norte de Siria ha visto en esta propuesta política –concebida como una síntesis de socialismos históricos y de la ecología política contemporánea– la ocasión de repensar, entre otras cosas, la emancipación de la minoría kurda oprimida por el poder del Estado. Parte de los inconformistas franceses, por su parte, ha visto en él la forma de satisfacer las reivindicaciones populares recuperando la idea de que la democracia está en juego sobre todo entre lo que los zapatistas llaman “los de abajo”. En un momento en el que el municipalismo tiene el apoyo de los “ciudadanistas” y en el que un “Frente popular”  ve la luz al movilizar el “comunalismo libertario” con los aplausos de Philippe de Villiers y de Marine Le Pen, hablamos de nuevo con el agricultor y militante español Floréal Romero sobre de qué trata realmente esta propuesta. En esta segunda parte hablamos de Estado, autodefensa y colapso.

                       

La ensayista Janet Biehl, expareja de Bookchin, nos decía que no compartía la opinión de éste sobre la cuestión del Estado: eliminar toda centralización tiene como consecuencia, en su opinión, correr el riesgo de que emerjan pequeñas tiranías locales que no responden a las leyes progresistas mayoritarias.

Bookchin no descartaba el riesgo.  Y el riesgo es inherente a toda revolución. Pero, viendo los últimos acontecimientos, ¿no es mayor el riesgo totalitario inherente al capitalismo, dado que ningún rincón del planeta se librará de ello? También hablaba de ello en su libro From urbanization to cities: “¿Pero cuándo no ha habido riesgos en los cambios sociales fundamentales? Habría sido más sensato decir que el compromiso de Marx en favor de un Estado centralizado y de una economía planificada conllevaría inevitablemente un totalitarismo burocrático que decir que las municipalidades libertarias descentralizadas serán inevitablemente autoritarias y tendrán rasgos chovinistas y de exclusión. La interdependencia económica es una realidad de la vida actual, y el mismo capitalismo ha hecho de las autarquías locales una quimera. Los municipios y la regiones pueden tratar de lograr un grado considerable de autosuficiencia, pero hace tiempo que acabó la época en la que era posible crear comunidades autosuficientes que podrían dejarse llevar por sus prejuicios”. Y continúa explicando que las interdependencias y las decisiones mayoritarias no garantizarán que una decisión mayoritaria sea correcta, pero “nuestras posibilidades de lograr una sociedad racional y ecológica son mucho mayores con este enfoque que las que se basan en entidades centralizadas y el aparato burocrático”. La dificultad para asumir el municipalismo libertario como proyecto en toda su riqueza y amplitud proceden, en mi opinión, de su propia denominación y de la dificultad que existe para diferenciar bien el ámbito político del administrativo.

¿Qué tipo de diferencias son estas?

Al hablar del municipalismo libertario se tiende a centrarse en lo local olvidando su indispensable e incluso vital articulación territorial y más allá. Es decir, abarcar el mundo entero. Por esa razón, Bookchin adoptó el término de “municipalismo federal”. Además, creo que sería más sensato, hoy día, emplear este término de “municipalismo federal” que el de “municipalismo libertario”, ya que deja ver de forma más precisa los rasgos integradores que marcan esta idea de política municipal. El término “confederalismo democrático”, empleado sobre todo por los kurdos de Rojava, fue inventado por Ocälan (cofundador del PKK y encarcelado desde 1999, también utiliza la fórmula “comunalismo socialista” – N. de la R.). Más tarde, Bookchin adoptará el término “comunalismo”, y solo él, en homenaje a la Comuna de París, la cual se planteaba, en su espíritu internacionalista, una auténtica “comuna de comunas”. Además, se expresó muy claramente al respecto: “Muchos argumentos contrarios al municipalismo confederal (aunque sea muy confederal), proceden del fracaso a la hora de entender la distinción entre la elaboración de las políticas y la administración. Esta distinción es fundamental para el municipalismo libertario y hay que tenerla siempre en mente”. La política, decía, es elaborada por una asamblea comunal o por barrios compuestos de ciudadanos libres. La administración se hace posible a través de consejos federales compuestos por delegados acreditados, revocables, procedentes de los barrios, las ciudades o los pueblos.

 

Pero imaginemos el caso concreto de una comuna que decidiese aplicar, con el apoyo de su asamblea, una política fascista.

Bookchin también dijo que si alguna comunidad, barrio, o aunque fuese un solo grupo, decidiese seguir su propia vía hasta el punto de que “los derechos humanos fuesen violados” o que “se permitiese el caos ecológico”, la mayoría, en una confederación local o regional, sería entonces totalmente capaz de obstaculizar semejantes “fechorías” a través de su consejo federal.

 

¿No sería considerado una negación democrática local?

No. Solamente, proseguía Bookchin, “la afirmación de un acuerdo que todos comparten para reconocer los derechos civiles y mantener la integridad ecológica en una región”. La elaboración de las políticas es local, pero su administración es confiada al conjunto de la red confederal. Y resume: “La confederación es, en realidad, una comunidad de comunidades distintas fundada sobre imperativos ecológicos y de derechos humanos”.

 

Su libro no aborda la cuestión de la represión del Estado. Sin embargo, si tomamos los casos franceses más recientes, vemos lo que puede llegar a hacer el Estado: ante las reclamaciones de los chalecos amarillos para vivir dignamente, este responde sacándoles los ojos y arrancándoles las manos. ¿Cómo podemos pensar que el Estado permitirá que se constituyan comunas autónomas en su territorio sin aniquilarlas como sucedió con la primera ZAD [Zona a defender] que surgió?

Desde luego. Sin embargo, lo he mencionado para ilustrar su carácter ciego y criminal. Y son precisamente esas características, que son propias del capitalismo, las que me hacen tomarme muy en serio este tema como para tratarlo de forma breve y superficial, pero te agradezco esta oportunidad de profundizar en ello. Lo importante de este libro era mostrar cómo Bookchin, respaldado por la experiencia acumulada de las revoluciones que estudió minuciosamente, pudo elaborar el proyecto comunalista. Partiendo de ahí, abogo por la creación de un movimiento comunalista, como ya he dicho, partiendo de nuestra realidad actual de aquí y de ahora. Propongo una hoja de ruta “de unidad en la disensión” para poner de relieve la riqueza que constituye la diversidad, tanto a nivel local como a niveles más amplios. Esta hoja de ruta estaría dirigida a todos los movimientos sociales cuyo primer objetivo es abandonar el capitalismo a la vez que construyen una alternativa o, dicho de otro modo, el comunalismo. Esta unión constituiría un acto fundador que representaría además un primer acto de autodefensa, como dice el conocido refrán de “la unión hace la fuerza”. Sin este primer paso, la autodefensa se limitará a actos aislados y poco calculados, movidos por una espontaneidad que nos llevaría al suicidio. Habría que constituir una verdadera red del territorio para, a través de nuestros vínculos solidarios, tejer una red de protección y de apoyo mutuo en caso de represión.

 

Citas el caso de Notre-Dames-des-Landes.

En efecto, planteo que si hubiese tenido el apoyo de un movimiento ya constituido en un territorio amplio y a la altura de esta realización ejemplar, la ZAD habría podido presionar aún más y, a cambio, todo el movimiento se habría beneficiado de ello. La solidaridad como acto de autodefensa se expresa de mil formas, tanto en la reacción como en la no violencia. También tendríamos que considerar la posibilidad de crear grupos de autodefensa específicos, como ocurrió con las mujeres de Rojava.

 

En Rojava, estas unidades tienen armas y las emplean.

No considero para nada la no violencia como una religión. Se trata más bien de considerarla una táctica deseable en el seno de una estrategia más amplia, ya que tendremos que poner en práctica una dinámica de construcción en el diálogo: eso es una base, una condición previa que requiere tiempo. Esta no violencia es muy relativa, ya que ella no depende solo de nosotros. Lo importante es, sobre todo, adquirir fuerzas y convicciones profundas para la etapa siguiente. Pero no podemos ignorarlo. Además, eso nos permitirá estimular nuestra red social y política a través de vínculos cada vez más estrechos de forma que alcancemos una relación de fuerzas que nos sea favorable. Este movimiento habrá de ser susceptible de ser tenido en cuenta por los demás sectores progresistas para poder establecer una relación de diálogo a nuestro favor.

 

Detengámonos en este punto. Bookchin es muy claro: él defendía la creación de unidades de autodefensa. En Rojava, la revolución es, en el muy particular y letal caso de una guerra nacional e internacional, estrictamente respaldada por las fuerzas armadas populares. En Occidente, municipalistas y comunalistas hacen referencia constantemente a Rojava o a la Chiapas zapatista, pero ninguno de ellos pone la cuestión militar sobre la mesa.

Cuando hablo de una etapa posterior es precisamente porque esta dinámica de construcción nos permitirá acceder a un verdadero contrapoder popular. Así lo dice Ocälan: “El concepto de autodefensa no se refiere a una organización armada ni a un estatus militar, sino a una organización de la sociedad que le permita protegerse en todos los ámbitos movilizando a todas las organizaciones”. Por supuesto, en un momento dado, precisaremos pasar a otra etapa, mucho más arriesgada. Me refiero a la última etapa, aquella del inevitable enfrentamiento entre dos poderes, ya que, como muy bien ha señalado Elias Boisjean en su revista, “el Estado, progresivamente deslegitimado, se verá obligado a reaccionar. La confrontación que seguirá a esto, sin duda, determinará quién vencerá, si la revolución democrática o del orden estatal-capitalista”. Así que sí, este enfrentamiento será armado, sin duda alguna, pero no será tan sangriento si hemos sabido establecer una relación de fuerzas favorable y si nos hemos preparado para él como movimiento organizado. Ese momento “M” (de “movimiento”) será más favorable en tanto en cuanto nos hayamos cubierto las espaldas elaborando con paciencia la estrategia más adecuada. Eso es lo que nos enseñaron los zapatistas. El 1 de enero de 1994, desplegaron una estrategia genial, causando el mínimo de muertos y basándose en logros organizativos construidos a lo largo de mucho tiempo y tomando la iniciativa del momento “M”.

 

Como tú mismo dices, cada situación histórica y geográfica es singular.

Exacto. No siempre tendremos esta oportunidad, la cual se ha presentado muy pocas veces en la historia. No podemos hacer elucubraciones de futuro sin fundamento al igual que no podemos eludir la cuestión de la constitución de milicias de autodefensa. Cuando Bookchin habla de la necesaria educación de la ciudadanía para el comunalismo, en esta se incluye sin ambages la necesidad de aprender a defenderse. Esta educación es la que desembocará en la organización de una milicia popular “compuesta de patrullas por turnos, a efectos de policía, y contingentes militares bien entrenados para responder a las amenazas externas”. Creo que las milicias anarquistas en España fueron un referente esencial para Bookchin: por primera vez en la historia, el pueblo venció a un ejército.

Organizado principalmente en el seno de la CNT, el pueblo frustró el golpe de Estado fascista del 18 de julio de 1936, y eso ocurrió en casi todo el país, en 24 horas y prácticamente sin armas, gracias a su capacidad combativa y sus vínculos tejidos a través de la lucha y la organización. Esto lo vemos precisamente en las propias reflexiones de Ocälan: “Las fuerzas de autodefensa fundamentales tienen por misión acelerar y proteger la lucha de la sociedad democrática”. Digamos nosotros “sociedad comunalista”.

 

¿En qué medida influye la identidad cultural de Bookchin, estadounidense y, por tanto, federal, en la posible universalización de su propuesta? Francia ha sido modelada históricamente por el jacobinismo y el centralismo.

Esa pregunta no es simple. Repito: no conozco bien la Constitución de Estados Unidos. Pero hay que decir que las primeras influencias políticas de Bookchin no deben buscarse en ese país. Nació en Nueva York, pero en una familia de exiliados judíos rusos. Janet Bielh escribe sobre esto en la biografía que le dedicó: “Antes de que el joven Murray supiese quiénes eran Washington y Lincoln, ya conocía a Lenin y a los líderes revolucionarios alemanes Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht”. Creo que su interés por el federalismo y el confederalismo datan de su ruptura con el Partido Comunista estadounidense y su descubrimiento del anarquismo tras la represión estalinista de la revolución en Barcelona en mayo de 1937. Entonces, estudió muy particularmente a Proudhon y Kropotkin a la vez que hacía ver sus carencias para nuestra época actual, como bien indicó: “Nuestras ideas de confederación no pueden quedarse estancadas en los escritos anarquistas del siglo XIX”.  Y aunque hiciese alusión a las asambleas populares de Nueva Inglaterra y la Comuna de París, su propuesta federalista de “comuna de comunas”, que procede, precisamente, de la influencia de Proudhon, sigue siendo el referente básico del comunalismo. Y esta revolución también se alzó contra el jacobinismo y el centralismo francés que mencionas. Este jacobinismo y este centralismo sirvieron además de modelo a los marxistas-leninistas de la Revolución rusa. Al igual que el pensamiento anticapitalista se forja con el nacimiento y el desarrollo del capitalismo y de los efectos negativos que surgen de él, el pensamiento confederalista puede concebirse y desarrollarse por oposición al centralismo de Estado, es decir, a su autoritarismo, sin importar de qué país estemos hablando.

Dicho esto, Bookchin planteó una cuestión importante que está relacionada con los países, con los lugares: es importante ir en consonancia con la tradición de emancipación de cada país.  Como bien dice en el vídeo “Las formas de la libertad”, quiere dirigirse a las personas con referencias que les transmitan algo, que formen parte de su historia, pero hablando de los problemas cotidianos. “¿Cómo llegar a los estadounidenses en términos que ellos entiendan? Para mí esa es una gran cuestión, ya que, a principios de los años 30, hablé con los estadounidenses en alemán, en lenguaje marxista. Y nadie escuchaba, salvo aquellos que entendían alemán. Luego, como el alemán no funcionó, les hablé en ruso, en lenguaje bolchevique”. Luego concluye: “Hoy debemos recrear un ‘Bewegung’, un movimiento capaz de hablar a los estadounidenses en una lengua que puedan entender, es decir, principalmente, inglés. Esto no quiere decir que no podamos aprender de otras experiencias que se están llevando a cabo, sin importar dónde se produzcan”.  Por tanto, llama a construir un programa radical en inglés. Y un programa que les hable sobre lo que es más cercano para ellos, lo que forma parte de su vida: sus barrios, que están desapareciendo. Sus comunidades, que también están desapareciendo. Su vecindad, ya sea en una ciudad, en un pueblo o en el campo. ¿De todo eso puede salir un movimiento? En mi opinión, aquí se trata de la base, de los cimientos para construir un movimiento comunalista vivo. Y la acción nos llevará a entender y, en la red, a aprender de otras experiencias.

 

Mucha gente, al menos en Francia, recurre al Estado y a sus “representantes” si tiene algún problema: sanitario, educativo, económico, cultural… ¿Cómo imaginar que este reflejo de acudir al estado pueda desaparecer para sustituirlo por una auto-organización paralela en un país en el que, aunque sea atacado desde hace años, el sector público estatal está presente en multitud de ámbitos cotidianos con el nombre, que suele ser valorado, de “Estado de bienestar” o “Estado social”?

En una sociedad en la que sus comunidades están mermadas, al Estado se le da bien presentarse como un hacedor indispensable de la reproducción social. Esta no es más que una instancia separada y su función solo la garantiza el dinero. El Estado moderno resultante de la mercadería se convierte en el otro eje inseparable del capital. El famoso “bien público” (la salud, la educación, la red viaria) no pertenecen a la ciudadanía, sino al Estado, que es una empresa sometida a las leyes del mercado, como ya afirmaba Simmel en el siglo XIX. Al malvender sus bienes, esta empresa llamada “Estado” no comete ninguna traición, sino que sigue la lógica del mercado capitalista. También sigue la lógica de la mercadería dando con una mano lo que su otro extremo roba con la otra. En nombre de la indispensable valoración monetaria, los recursos naturales son arrasados, los pobres son explotados hasta la muerte y se desarrolla la industria del armamento. Por esta razón, la izquierda tiene una gran responsabilidad al perpetuar el mito del “Estado de bienestar” o “Estado social”: así se convierte, objetivamente, en cómplice del capital. Al abrir la caja de Pandora del Estado de bienestar, el comunalismo contribuye a deshacerse de la dependencia del Estado: puede cambiar esta tendencia a través la construcción del movimiento del que hemos hablado a través del vínculo solidario efectivo y afectivo de la comunidad. Para colocar el bien público fuera del alcance del valor monetario, el comunalismo se propone socializar la economía a través de la reapropiación municipal. A partir de ese momento, el bien común, el “bien público”, sería público e íntegramente gestionado por los mismos usuarios.

 

Tu preocupación por construir un movimiento popular aquí y ahora choca con un sentimiento que se extiende entre parte de la población que es sensible a las cuestiones ecológicas: la amenaza más o menos inminente del colapso de la civilización. ¿Qué responde la ecología social a los planteamientos de la colapsología?

La colapsología es una exageración catastrofista cubierta de un halo científico. Y, efectivamente, está en su punto álgido. Especialmente, desde la pandemia mundial. Basta con observar el espectacular retorno de ciertos títulos a la clasificación de los libros más vendidos en ese barómetro emotivo que es Amazon. Colapso de Diamond y Comment tout peut s’effondrer (“Cómo puede colapsar todo”) de Servigne están entre los primeros. La ecología social puede coincidir con los mentores de la colapsología en una afirmación: el balance de la situación, de la catástrofe que se está produciendo. Pero el viaje será corto. Muy pronto, una vez hecho el balance, la búsqueda nos mostrará que ya no estamos en el mismo camino. Muy pronto, nos daremos cuenta de que esta pseudociencia forma parte del problema. Lejos de cuestionar las catástrofes ecológicas actuales estableciendo su origen en las injusticias sociales y, por tanto, en las relaciones de producción capitalistas y de dominación, la colapsología favorece un consenso infame. Sin saberlo, los colapsólogos son los herederos de las corrientes conservadoras y reaccionarias que, desde la Revolución francesa, han visto en la revolución social y, más tarde, en los cambios en las costumbres, manifestaciones del declive o de la decadencia de la civilización.

 

Hay partidarios de la colapsología que son abiertamente libertarios.

Sí, pero eso no impide que la transversalidad política que resulta de esta nebulosa indefinible sea preocupante. Los autores nos piden que abandonemos aquello que, en este mundo, aún respira, lo que aún tiene sentido, con el pretexto de deber hacer “el duelo”. La colapsología no abre ningún futuro aparte del de la monitorización. El Estado, al que hay que diferenciar de los servicios públicos y la Seguridad Social, se convierte finalmente en la pieza clave con el ejercicio, esencialmente, de sus funciones soberanas: la Policía, el Ejército y la vigilancia. Lejos de hundirse, el Estado recupera un vigor que muchos nostálgicos de todo tipo pensaban que debían dejar en el olvido. ¿No es esto un tecno-fascismo verde que se instala de manera insidiosa para evitar todo movimiento de revuelta? Eso es lo que nos muestra la realidad con toda su frialdad.

 

¿Consideras que la colapsología es una política?

Sí, pero una política de lo que no se dice. Los actores y actoras, así como sus interacciones, desaparecen. Esta ecología alejada de la realidad nos persigue e impide a las personas lúcidas identificarse con ella respecto a la situación y a sus condiciones de vida. Nos enfrentamos a un vacío, es un discurso sin pueblos ni destinos particulares. La colapsología crea seres desnudos, privados de sueños pero llenos de pesadillas, despojados de lo que los sostiene y de lo que les importa. Desde un punto de vista puramente colapsológico, las soluciones para luchar contra el colapso no existen: lo único que hace es participar en una forma de resignación colectiva, la de la vaca que va al matadero. Con la ecología social ocurre algo muy distinto, ya que también parte de un catastrofismo,  pero de un catastrofismo fundado.

 

¿Cuál es la diferencia fundamental entre los dos?

Anunciar lo peor, pero para impedirlo. La catástrofe solo tiene sentido si es para ser impedida, dentro de un discurso en el que le podamos encontrar muestras palpables en lo vivido. La ecología social, como ecología radical y holística, posee herramientas de análisis que nos permiten entender las implicaciones de la destrucción social y ecológica que está en curso: nuestra primera tarea frente a la colapsología consiste por tanto en utilizarlas para des-construir públicamente este montaje nefasto, nefasto por ser un discurso opresor, castrante y paralizante.

 

 

En cualquier caso, tanto los partidarios de la ecología social como aquellos de la colapsología han estado confinados.

¿Pero no lo estábamos ya antes, en el camino que nos llevaba a este confinamiento? Estábamos en el confinamiento no estático de la agitación y el estrés, ese que nos hacía dar vueltas sobre nosotros mismos, agitarnos en nuestras metrópolis superpobladas para vender nuestra fuerza de trabajo. Y a los afortunados que vendían esta última, nos quedaba gastar el dinero que habíamos podido reunir imitando el estilo de vida de aquellos que nos habían explotado. Se apoderaba de nosotros otra agitación para olvidar todo ese tiempo pasado partiéndonos el espinazo delante de máquinas o detrás de otras personas. Girábamos alrededor de un mundo cada vez más homogéneo y contaminado: el récord de vuelos de aviones comerciales se batió el 31 de julio de 2019, con 30 millones de personas volando a la vez. Con esta agitación detenida, el confinamiento se convierte en un revelador de la prisión metafórica en la que estamos encerrados desde hace años. Se plantean preguntas: ¿Cómo hemos podido llegar hasta ahí? ¿Cómo puede bloquearlo todo un simple virus? ¿Cómo hemos llegado a depender tanto de cosas que se fabrican al otro lado del mundo? Con las principales actividades económicas bloqueadas, ¿por qué tienden a recuperarse las otras formas de vida? ¿En qué mundo, en qué red de mentiras vivimos? ¿Qué democracia es esta que, de un día para otro, encarcela en sus propias casas a millones de personas cuya libertad ya era más que cuestionable? Muchos, los más pobres, ya están de duelo por su vida, ya que viven su propio colapso. A estas preguntas que tanta gente se hace es a las que hay que responder de forma inteligente y con respuestas concretas.

 

Estamos viendo que surge una llamada colectiva por todo el mundo a que en el futuro seamos “de otra manera”. Todos sabemos que se trata de deseos inútiles. ¿Qué puede aportar un comunalista?

Pues creo que es urgente crear un espacio para reflexionar conjuntamente sobre una estrategia global que se pueda adaptar a los diferentes niveles locales. Mi libro avanza una serie de propuestas, entre ellas, una hoja de ruta, un documento para presentarlo a los diferentes movimientos alternativos y de lucha. Dirigirnos hacia la soberanía alimentaria auténtica es una de las prioridades: local, de proximidad, los grupos de consumo. Esta práctica de autogestión es un eslabón fundamental  para salir del capitalismo y alcanzar la autonomía. Este nexo sólido y pragmático entre el agricultor campesino y el consumidor responsable y ciudadano abre el camino para una “economía moral” como impulso con miras a esta misma solución. De ese modo descubrimos, a través de la práctica, las virtudes y el placer de trabajar juntos en la dificultad, pero también en la alegría. Abrimos las puertas a esta dimensión del buen vivir como un todo, esta dimensión que viven y nos transmiten los zapatistas. Ocurrirá lo mismo en todos los ámbitos de la vida, como la enseñanza, la alimentación, la vivienda, la cultura, la artesanía, la industria… En fin, nos corresponde a nosotros crear esta dinámica de auto-institución política de estos bienes comunes, una dinámica que sea capaz de poner en práctica, en primer lugar, la solidaridad vital entre nosotros, los humanos, antes de extenderla a todo el conjunto de seres vivos y al medio natural.

[1] Frédéric Lordon (1962) es un economista y sociólogo francés. Aboga por el desarrollo de una economía política espinosista y sus trabajos inciden de manera crítica sobre la lógica del capitalismo accionarial, los mercados financieros y sus crisis. Colaborador habitual de Le Monde diplomatique, en sus artículos ha defendido frecuentemente la necesidad de salir del euro y la de devolver la soberanía a los pueblos europeos.

 

Audiovisual

Haciendo memoria: Recreación sonora de ENTRE EL ÁRBOL Y EL BOSQUE para acompañar las palabras que dijera el EZLN en 2007.

Mesa redonda: «Frente al despojo capitalista la defensa de la tierra y el territorio», en el Club de periodistas, Ciudad de México, 17 de julio de 2007

 

Textos

Municipales: ¿ciudadanía, municipalismo o comunalismo? 

 

23 de febrero de 2020

 

Por Pascale Fautrier

 

Un artículo inédito de Floréal Roméro hace un repaso de las “listas de ciudadanos”, algunas de las cuales se inspiran en el municipalismo libertario de Murray Bookchin implementado en Rojava. La Comuna de Commercy abrió el debate el 18 de enero, y el 15 y 16 de febrero se fundó un Instituto Comunista en Ste-Foy-la-Grande. El colectivo Faire commune también afirma ser comunalista.

 

MUNICIPALES: ¿ciudadanía, municipalismo y comunalismo?

 

“A rio revuelto, ganancia de pescadores”

 

Más que nunca, un gran número de “listas de ciudadanxs” van a presentarse, muchas de ellas afirmando ser municipalistas. Pero, ¿cuál es el vínculo entre estas listas de ciudadanxs, este municipalismo ya establecido en algunas ciudades como Barcelona, y Murray Bookchin, el pensador de la ecología social y el municipalismo libertario o comunalismo?  Es difícil verlo con claridad cuando se hace referencia a una gama tan amplia de trayectorias políticas, desde la revista mensual libertaria “Silencio” hasta los “GAMES” (Grupos de Acción Municipalista Ecológicos y Sociales), pasando por “Europe Ecologie – Les Verts”, Pablo Servigne, el teórico de la colapsología, “Extinction Rebellion XR” y el “Instituto de Concertación y Participación Ciudadana”. Para entender esto, es necesario tomar una cierta distancia histórica.

 

  1. El papel de la ciudadanía

 

La última contradicción del capitalismo, que pone en peligro el mundo sobre el que reina, ha desencadenado luchas contra la depredación generalizada del mundo. Esta lucha ecológica, como la lucha de clases que la precedió, contiene un potencial de concienciación. Pero no conduce necesariamente a un proyecto colectivo emancipador: algunxs piensan que hace obsoleta la lucha de clases y la voluntad de abolir el capitalismo, otrxs no. Así, lxs ecologistas que se oponen a la devastación sin buscar su origen, o ecologías abiertamente reaccionarias como la “ecología profunda”, mística, maltusiana, misantrópica, e incluso más allá, o “localista”, que excluye a lxs “nómadas” y se basa en el lema del mariscal Pétain “la tierra no miente”.  Por otra parte, la ideología dominante, todo el movimiento del “Green New Deal”, o capitalismo verde, que está en el origen de las COP y que pretende arrebatar el monopolio de la energía del carbono a las multinacionales, encaja perfectamente en la ideología dominante. El lema seguiría siendo el mismo: “crecer o morir”[1] pero con tecnologías supuestamente menos contaminantes y con más “consentimiento popular”.

 

Pero, ¿quién es responsable de la aplicación política de estas medidas? La derecha neoliberal tiene demasiados compromisos con las multinacionales “carbónicas” y en nombre de una cierta urgencia, podría muy bien pasar la pelota a su extremo. Mientras la izquierda socialdemócrata sigue remando en dirección de la dinámica del capital, su credibilidad está en grave peligro. Despues de su llegada al mar de consumo, a bordo del barco Crecimiento, enredada en el marasmo económico y político de este siglo, sin resultados tangibles en cuanto a sus pretensiones de redistribución de la riqueza y sin un horizonte a corto, medio o largo plazo, su ciclo llega a su fin.

 

La clase media nacida de sus relaciones íntimas con el capital, viéndose amenazada en su posición social, parece haber tomado el relevo del proletariado con el ciudadano, como una fuerza de presión en las calles. Este fue el caso durante las primaveras árabes, el 15M de los Indignados en España, Nuit Debout en Francia, Occupy Wall Street en los Estados Unidos. Sin llegar a “movilizarse como si estuviéramos en estado de guerra”, como sugiere Stiglitz, este movimiento se hace eco, sin embargo, del llamamiento de estos economistas “progresistas”[2].

 

Frédéric Lordon llega a decir con razón que la ciudadanía “debate por debatir, pero no decide nada, no se decide en nada y, sobre todo, no clivea nada”. Una especie de sueño democrático lanudo diseñado precisamente para que nada salga de él.” Esta ciudadania “condena por décadas cualquier experiencia de izquierda”. Pero para este mismo Lordon, el llamado a la insurrección y el mito de la “Gran Velada” resurgió. El fantasma bolchevique renació de sus cenizas, vestido con ropas ciudadanas o “soberanas”, abogando por un estado fuerte, proteccionista y nacionalista[3].

 

En cualquier caso, el llamamiento a la movilización ciudadana tiene como objetivo la construcción de una masa crítica, una presión para forzar políticas reformistas o revolucionarias en las instituciones de un Estado más o menos fuerte según el escenario.

 

II – El municipalismo, el último avatar de la socialdemocracia

 

  1. Sobre la teoría municipalista…

 

El municipalismo lleva la lógica ciudadana un poco más allá, argumentando que ser ciudadanx no puede limitarse al simple utilitarismo, el de presionar a lxs funcionarixs electxs.  El objetivo es involucrarse directamente, participar colectivamente en las instituciones del Estado pero llevándolas a su base, al Municipio. Para entender este municipalismo, que no debe confundirse con el “municipalismo libertario” o “comunalismo”, es necesario ir más allá de lo que demuestra.

 

Sin dudar de la buena fe de las autoras, el prefacio del “Guía del Municipalismo [4]” anuncia bien su color… descolorido. Está escrito por Elisabeth Dau – Mouvement Utopia & Commons Polis y Charlotte Marchandise – Vicealcaldesa de Rennes y candidata ciudadana en las elecciones presidenciales de 2017 (LaPrimaire.org). Un enfoque sorprendente para una partidaria del municipalismo, por decir algo. Se refiere a su vez a la Comuna de París, al anarquismo, al feminismo, al movimiento zapatista, al confederalismo democrático de Rojava, al Zad de Notre-Dame-des-Landes e incluso a Murray Bookchin, teniendo mucho cuidado de no arañar el corazón del problema: la economía capitalista. ¿Cómo se puede hablar en estas condiciones de “pasar del yo al nosotrxs” de la “reapropiación de lo común”, de la “feminización de la política”? Como si fuera suficiente feminizar la política y por qué no la economía o el ejército… En lugar de cuestionar la economía, es cuestión de como usarla mejor. Para ello, se pedirá a lxs ciudadanxs que adopten un “presupuesto participativo” encargado de impulsar a su vez la “economía circular”, totalmente reciclable, y la “economía social y solidaria” [5]. Estamos, en efecto, en una perfecta continuidad ciudadana y siempre en plena utopía liberal.

 

  1. Todo comienza en Barcelona

 

Antes de 2015 Ada Colau era empleada de una ONG (Observatori de Drets Econòmics Socials i Culturals) financiada por el ex-alcalde de Barcelona Xavier Trias, y portavoz de la Plataforma de Víctimas de Créditos Hipotecarios (PAH). En un contexto de abstención electoral generalizada y desconfianza en la política, como feminista, en medio de la crisis inmobiliaria española, Colau encarna la figura populista. La falta de un programa político de los Indignados (15M), su inconsistencia e impaciencia favorecieron tanto la irrupción de Podemos como la del Municipalismo.  Con el apoyo de los movimientos sociales, Ada Colau ganó las elecciones municipales de Barcelona y se convirtió en alcaldesa en mayo de 2015.

 

El argumento central de su campaña electoral y de su partido, “Barcelona en Comú”, cercano a Podemos, como más tarde en Madrid, Cádiz, Zaragoza, La Coruña, en España y Grenoble en Francia, fue que los mecanismos ciudadanos a nivel municipal tienen una doble ventaja, la de romper con la reproducción de las elites y la de involucrar a “laicxs”, previamente formadxs, no sólo en el proceso de toma de decisiones, sino en la elaboración de soluciones. Pero estas soluciones se circunscriben a las instituciones del Estado para hacer fructificar al Capital, incluso en la base misma de su pirámide, porque estamos en el corazón mismo del capitalismo. “El capitalismo contemporáneo y sus multinacionales no se preocupan por nuestras preocupaciones comunales, departamentales, regionales o incluso nacionales […] Por eso en este nuevo rompecabezas administrativo, tan aproximado y laborioso a primera vista, la pieza decisiva, llamada a dar su verdadera cohesión al conjunto, es la metrópoli. “[6] En otras palabras, ¿cómo puede una ciudad o incluso una megalópolis ser gestionada eficientemente y en competencia con otras megalópolis, sin impulsar el negocio, con todo lo que ello conlleva en cuanto a las consecuencias sociales de la exclusión, la precariedad, el gigantismo y la centralización, y la gestión de los desastres ecológicos? Además, “El poder actual no se define por sus instituciones políticas, sino por sus infraestructuras” […] Frente a este mismo poder material, se ha vuelto intrascendente recurrir a los símbolos representativos. Es en el lado de la ingeniería, la planificación del uso de la tierra y el diseño de la red que debemos buscar para entender con qué estamos tratando. “7] En estas condiciones, hablar de ampliar el círculo de su gestión “rompiendo la reproducción de las elites”, o de estimular la “participación ciudadana en el desarrollo de soluciones”, nos parece totalmente fuera de lugar, por no decir más.

 

¿Qué podemos esperar de esta trampa, esta falta de coherencia analítica? ¿De qué sirve precipitarse en este laberinto de inconsistencias prácticas hasta el punto de privarnos de cualquier capacidad constructiva autónoma en todos los ámbitos de la vida, o incluso de cualquier esperanza? A estas preguntas, la historia reciente y actual no deja dudas sobre la respuesta, a pesar de los espejismos que colocamos como cortinas de humo entre las aspiraciones personales y colectivas y la realidad que seguimos sin querer ver.

 

  1. La práctica social y ecológica del municipalismo

 

En las siguientes elecciones municipales, el 19 de junio de 2019, Ada Colau es reelegida alcaldesa gracias a los votos de Manuel Valls.  Al igual que este último cuando era Ministro del Interior en Francia, Ada Colau en esta “ciudad sin miedo”, esta “ciudad de refugio”, sigue reprimiendo a los vendedores ambulantes inmigrantes [8]. De la misma manera, se reprimen las huelgas, como la del metro en febrero de 2016 o contra la privatización de los servicios públicos municipales [9].  Podríamos así seguir señalando las contradicciones del municipalismo en el campo social, pero observamos las mismas contradicciones en el campo ecológico. Repsol, la multinacional petrolera española, recibió un premio de una ONG británica por su lucha contra el cambio climático y fue la misma ONG que situó al gobierno de Ada Colau a la cabeza del ranking de ciudades en la lucha contra el cambio climático. La “Zona de Baja Emisión” de Barcelona no pretende cambiar el modelo predominante de movilidad privada, sino ser un primer paso para transformar el parque automovilístico de gasolina en un parque de coches eléctricos y renovables [10]. 10] Esta medida, que entró en vigor el 1 de enero, está calculada para prohibir la entrada de unos 50.000 vehículos considerados altamente contaminantes. Si esta medida no es suficiente para reducir la contaminación, Ada Colau tiene la intención de aplicar un peaje para evitar que 125.000 vehículos entren en Barcelona. Esos son los coches de los menos afortunados. Y al mismo tiempo el estado de los trenes de proximidad es bastante deplorable, con retrasos diarios y frecuencias muy espaciadas en las horas punta. La entrada de Barcelona en Cómú en el gobierno del ayuntamiento no ha sido un punto de inflexión en el aumento de turistas que utilizan cruceros. Por el contrario, en los últimos cinco años los números han seguido aumentando. Esto es en parte gracias al acuerdo que Sixte Cámbra, el ex director del puerto de Barcelona, y Ada Colau han firmado para la construcción de 3 nuevas terminales de macrocruceros que permitirán que el número de pasajeros de cruceros llegue a 5 millones al año. Ahora bien, un crucero de lujo emite 10 veces más óxido de azufre que los 260 millones de automóviles que existen en toda Europa. Y sólo los 15 barcos más grandes emiten tanta contaminación como 760 millones de coches. El año pasado, la ciudad de Barcelona recibió no menos de 867 cruceros. Si a esto le sumamos el trabajo precario de las trabajadoras cuyos salarios miserables son inferiores a 600 euros y los beneficios fiscales y las ayudas de las administraciones públicas, podemos entender un poco mejor los miles de millones de beneficios que las compañías navieras reportan cada año y, por lo tanto, la ciudad de Barcelona. Pero “Barcelona en Comú” por sí sola no tiene el monopolio de las contradicciones del municipalismo que han surgido de la ciudadanía en España y en todo el mundo.

 

Podríamos seguir enumerando todos los fallos de estos municipalismos expuestos como modelos en esta guía. Este fue el caso de Cádiz con la decisión del alcalde de vender corbetas militares a Arabia Saudita, los escándalos inmobiliarios y  las acciones anti-migrantes en Madrid. En Francia, la guía del municipalismo nos da un vistazo a París y Grenoble. En cuanto a lo primero, ¿hay necesidad de insistir en ello? En cuanto a la segunda, no podemos negar la eficiencia de las políticas ejemplares para el Green New Deal que se avecina, las de su alcalde Eric Piollé para hacer su ciudad más limpia y “más verde”. Grenoble desempeña un papel pionero y responde plenamente a los criterios de la “economía verde”, con una incubadora de industrias de punta en vastos campos como las nanotecnologías por ejemplo o las biotecnologías, hasta el punto de haber obtenido la calificación de “Silicon Valley francés”. En cuanto al municipalismo, el fracaso es flagrante ya que los movimientos sociales que apoyaron la candidatura municipalista fueron totalmente traicionados. “La alcaldía se negó a aceptar el equilibrio de poder con el Estado y la prefectura, apoyándose en los movimientos sociales para protestar contra la austeridad. Preferían la austeridad. Es una traición como en 1981 o en Grecia con Tsipras”[11], dice claramente Raphaël del DAL (Derecho a la Vivienda).

 

  1. Alerta de fallo

 

Según Isabelle Dau y Charlotte Marchandise: “Gobernar obedeciendo” es el título del código ético de la plataforma ciudadana Barcelona En Comú, tomado del lema zapatista [Mandar obedeciendo].

Es una afirmación más bien indignante que esta referencia zapatista, porque ¿a quién se obedece en una Ciudad Inteligente? En la lista de estas “ciudades conectadas”, Barcelona aparece como la segunda “Smart City (Ciudad Inteligente)”.

12] Finalmente, el municipalismo al estilo “Barcelona en Comú”, con la extensión del uso de la tecnología digital para la “toma de decisiones conjuntas”[13], como el de Grenoble, es bastante soluble con el capitalismo moderno al estilo de Rifkin: “La gobernanza de la ciudad multipolar es compleja. Ahora se trata de gobernar a distancia, de influir en lugar de dirigir (Epstein, 2005). El poder se distribuye entre al menos cuatro tipos de actores: los responsables centrales (a nivel estatal o territorial), los responsables locales (funcionarios electos), los actores asociativos y los actores privados que poseen el capital”.[14]

 

Más que nunca, se presentarán un gran número de “listas de ciudadanos” para las próximas elecciones municipales y muchos de ellos afirmarán ser municipalistas. Corinne Morel Darleux (véase el sitio web de Reporterre del 15 de febrero de 2020) no debe dudar de “las posibilidades de los candidatos sinceros de golpear el sistema a través de las urnas y sus reglas de juego promulgadas por las potencias dominantes”. “Sin embargo, ya es hora de darse cuenta de que esta lógica es un callejón sin salida. Tampoco queremos “hibernar”, pero pretender “vaciar el Estado” o movilizar las instituciones municipales del Estado contra sí mismo es tan inútil como querer que una empresa multinacional actúe contra las finanzas. Renovar estas prácticas con nuevos adornos retóricos como “tener un pie dentro y otro fuera” del sistema significa no querer hacer un balance de las experiencias pasadas.  Mucho antes de que el municipalismo, y con mucho mayor potencial, “Die Grünen” en Alemania y antes de ellos nuevamente, el “Rassemblement des Citoyens et Citoyennes de Montréal”[15], nos mostraron el fracaso de estas prácticas colaboracionistas.  Es seguro que asi no saldremos del capitalismo. La única función a la que se puede aspirar en el marco parlamentario ampliado de los municipios del Estado es la de sustituir a la socialdemocracia que ya ha terminado y la de coadministrar la catástrofe que se avecina.

 

Dejaré de lado deliberadamente estos “tábanos”, los nombres que se usan en todas partes en el fondo de los muchos llamamientos a hacerse cargo del nivel local y reconstruir la democracia.  Cuidémonos sólo de los que venden soluciones “llave en mano” en nombre de la “bella”, “feliz” u otra “curiosa democracia”.

 

Al final de estos fracasos, como nos recuerda Pinar Selek, “La impotencia convierte la experiencia personal o colectiva en resignación”.

 

III- Municipalismo libertario o comunalismo

 

Tener una capacidad analítica suficiente y gran coherencia como la que presenta Bookchin no es “cinismo de pureza o radicalismo rígido”, como afirma Corinne Morel Darleux. Más bien, el cinismo consiste en fragmentar y desviar la gran coherencia del pensamiento de Bookchin mientras una se reivindica de la misma corriente.

 

Sin embargo, como Elías Boisjean señala muy bien en “Le moment communaliste? “(Ballast, 11/2/2019): “La empresa comunista no sufre ningún equívoco en cuanto se lee el autor con el cuidado necesario: abolición del capitalismo, de las clases sociales, del criterio de crecimiento, del Estado, de la policía, del ejército, de la propiedad privada de los medios de producción, de las jerarquías dentro de la especie humana (de género y de raza) y de la dominación de ésta sobre todo el mundo animal y vegetal. Es muy probable que no basten los espacios de diálogo “participativos”, “concertados” y, para los más ambiciosos, “éticos”. Tampoco la economía social y solidaria, el comercio justo y los únicos circuitos cooperativos cortos tan apreciados por nuestrxs municipalistas”.

 

Por eso debemos pensar en su obra, continuarla y actualizarla como cualquier proponente de la ecología social y el comunalismo.  El comunalismo (o municipalismo libertario) propone, mediante un proceso social y ecológico revolucionario, “sustituir el Estado, la urbanización, la jerarquía y el capitalismo por instituciones de democracia directa y cooperación”. Olvidar cualquiera de estas dimensiones, o pretender ser de Bookchin, recogiendo aquí y allá en su trabajo mientras practicamos el parlamentarismo, equivale a usurpar su nombre y su pensamiento, y ponerlo al servicio del persistente error de la socialdemocracia.

 

La apuesta que tenemos que hacer requiere mucho más coraje y reflexión que seguir los caminos trazados por el parlamentarismo, ya sea dentro de los límites nacionales e internacionales o dentro de los de las ciudades-empresas.

 

Nos enfrentamos a un desafío que la humanidad nunca antes había enfrentado. Estamos en un momento esencialmente de naturaleza social y ecológica donde ocho personas del planeta poseen tanto como la mitad más pobre de la población mundial y estamos al borde de un triple colapso generalizado: ecológico, energético y alimentario.

 

Si consideramos el capitalismo como lo que es: un gigantesco fuego rastrero que está devastando el mundo de manera implacable y sistemática, ¿tendríamos la idea de apagarlo con una ridícula botella de plástico verde para rociar? Y sin embargo, esto es lo que estos municipalismos, estas autoproclamadas “ciudades rebeldes” que sólo tienen rebeldes de nombre, se proponen hacer. Sólo hay que ir allí, hablar con sus habitantes para darse cuenta de que muy poco ha cambiado y, sobre todo, nada que muestre el más mínimo entusiasmo popular.

 

Un incendio del tamaño del que devastó Australia no se combate en y por el fuego mismo.  Pedir a lxs ciudadanxs que se involucren en la reducción de la escala de los incendios (las metrópolis) tratando de controlarse es un intento condenado al fracaso. De esa manera participaríamos mucho más en su difusión.

 

De ahí la inconsistencia de estas iniciativas, que confunden a lxs ciudadanxs invitándoles a tomar el control de su destino participando en, o incluso autogestionando, el desastre llamado capitalismo.

 

No se puede construir en un molde y tampoco nos construimos a nosotrxs mismxs en él. Una vez en el molde, estamos obligadxs a doblarnos a él, a conformarnos a él; en el mejor de los casos lo adaptamos con más o menos éxito pero siempre para reproducir lo mismo: alienación y destrucción, aquí o allá.

 

Entonces depende de nosotrxs romper el molde. Excluyendo cualquier alianza con cualquier partido, usemos por lo tanto las elecciones, si vemos la necesidad de hacerlo, para desarrollar nuestras asambleas de toma de decisiones en paralelo con el Estado. Seamos conscientes de que no hay ningún milagro electoral. Su uso no debe ser una práctica sistemática en todos los lugares, sino una estrategia local bien pensada en una construcción más amplia de un mundo plural.

 

Nos debemos a nosotrxs mismxs construir algo completamente diferente, tanto en la política como federadora de lo social en sus luchas y alternativas como con el mundo natural en el que estamos involucradxs. Depende de nosotrxs abrir brechas creando otras formas de vida, otras maneras de relacionarnos entre nosotrxs y con otros seres vivos, que están determinadas no por la búsqueda de beneficios sino por nuestras necesidades reales y por nuestras propias decisiones colectivas.

 

Si nuestro lugar de acción es la ciudad, debemos establecer inmediatamente vínculos estrechos con el campo y comenzar estratégicamente la descentralización. Tengamos siempre presente el objetivo, el de implementar un movimiento general de ecología social, de comunidades humanas federadas y confederadas, integradas en nuestros entornos naturales. Se trata de estimular la confluencia de luchas y alternativas, de manera que complementen, refuercen y se apoderen de la política como agente federador, empezando por el nivel local y articulando territorialmente e internacionalmente. Esta tarea responde a una necesidad vital y al mismo tiempo corresponde a una inmensa necesidad enterrada en nuestro interior, la de crear lo político y social más allá del muro de la representatividad política, que bloquea el horizonte de nuestra imaginación.

Una vez que este muro haya caído, podremos desarrollar lo que más importa, como la creación de valor de uso en lugar de la valorización del valor, en lugar de la mercancía. Vamos a construir a partir de lo común, este rico movimiento de una nueva cultura, capaz de crear labor contra trabajo, diversidad en la empatía entre los humanos y entre los humanos y el mundo viviente.  Cavaremos un país dentro del país y nos emanciparemos colectivamente porque la lucha para dejar de crear capital es también una lucha contra nuestra dependencia del capital y contra nuestra subordinación a sus políticas. Y asi entraremos en este nuevo mundo que contiene innumerables mundos que vibran con diversidad, vida y alegría al compartir.

 

Esta es la esencia del comunalismo.

 

Floréal M. Romero, el 17-02-2020

Autor de “Actuar aquí y ahora”. Pensar la ecologia social de Murray Bookchin “, Les éditions du Commun, octubre 2019, y con Vincent Gerber : ” Murray Bookchin et l’écologie sociale libertaire ” Editions du passager clandestin, collection les précurseurs de la décroissance. Octubre de 2019

Página de Facebook del recién creado instituto comunalista:

https://www.facebook.com/groups/2535759586491839/

 

Web de Faire Commune : http://fairecommune.mystrikingly.com/

Para un informe sobre La Commune des communes que se celebró en Commercy el 18 de enero en el sitio de Faire commune: http://fairecommune.mystrikingly.com/blog/premiere-commune-des-communes-a-commercy?fbclid=IwAR15EulcMgsE7BbRQeZCGBuNl95pbiSkIhuv2vzP-t_mwwcCOjfuFDKDrwI

Y tambien esta pequeña pelicula: https://www.youtube.com/watch?v=NNSnt6Hzh-U&fbclid=IwAR3LiO3grL3Wh01pSTUd5_5Fe0E31pHwAfXVIT_yJ3HUWRxKBSS8ud83mnI

Sin olvidar:  https://www.revue-ballast.fr/le-moment-communaliste/

NOTAS:

1] Mirar en Reporterre del 7 de diciembre de 2019 la interesante entrevista de 46 minutos de Hervé Kempf sobre las desigualdades y las medidas propuestas por Piketty en su libro “Capitalismo e ideología” para reducirlas, teniendo en cuenta las cuestiones ecológicas.

2] Mientras Thomas Piketty espera que las reformas que propone amplíen la capacidad de participación de los estratos populares en la democracia representativa, Stiglitz llama directamente a la movilización ciudadana hasta el punto de alentar a los 15M’s indignados. Ver el artículo de El País del 26 de julio de 201: “…envió un mensaje de apoyo afectuoso a los indignados: “Veo aquí una energía muy reconfortante y espero que la utilicen constructivamente. Las malas ideas no se pueden intercambiar por nada, pero las buenas ideas deben buscarse. Y meterlos en el debate público requiere mucha organización y liderazgo. Será una batalla ardua porque estas malas ideas están profundamente arraigadas en el discurso político y económico dominante. En este momento, tenemos una gran oportunidad de unir la economía con el compromiso y la justicia social y de crear una nueva economía. Os deseo toda la suerte del mundo.

3] Ver Frédéric Lordon en “Vivre sans” Ed. La Fabrique 2019, P. 128: se refiere a ello en el punto L, (¿Lenin o Lordon?).

4] Ver también Ada Colau, Barcelona En Comú (coord.), Debbie Bookchin “Guide du Municipalisme Pour une ville citoyenne, apaisée, ouverte” Ed. Charles Lépold Mayer, 2019. Cabe señalar que las ediciones de Charles Léopold Mayer se editan desde la fundación homónima http://www.fph.ch/index_fr.html, fundación bastante dudosa si nos remitimos a este artículo: http://www.bellaciao.org/fr/spip.php?article158548

La fundación pertenece a la familia Calame (el padre es presidente honorario y el hijo es el director). El hijo es colaborador de “La vie des idées”, la revista del think tank “La République des idées” dirigido por Pierre Rosanvallon. En él figuran la crema de la socialdemocracia: Thomas Piketty, Jean Peyrelevade, Pascal Lamy, Jean-Marc Fitoussi, Loic Blondiaux, Daniel Cohen, Dominique Méda…

5] Es cierto que muchos de los sufrimientos debidos a la explotación y a la exclusión social han sido aliviados por la Economía Social y Solidaria o el Presupuesto Participativo. Pero, por otra parte, estas alternativas atenuantes del “liberalismo social” enmascaran la esencia depredadora del capitalismo: la “refundación social” tiene por objeto, mediante la sustitución del contrato por la ley, transformar a lxs ciudadanxs en sujetos. Es la refeodalización lo que Alain Supiot denuncia, no la aparición de un ciudadano corporativo. En estas condiciones, la economía solidaria sería una pista falsa o la máscara blanda de una economía capitalista que ha completado su contrarrevolución liberal, retrocediendo las condiciones sociales un siglo o dos”.   La economía social y solidaria, ¿un apéndice o una pista falsa? Jean-Marie Harribey1 Mouvements, Sociétés, Politique, Culture, n° 19, enero-febrero 2002, p. 42-49

6] Informe especial: “Métropoles et Collectivités territoriales: le grand chambardement”, Contretemps nº 26 printemps 2015, citado en “Les Métropoles barbares” de Guillaume Faburel, Du Passager clandestin 2019, página 24.

7] Página 26 del mismo libro de Jean Baptiste Vidalou: “Etres forêt”, p.7, Zones 2017.

8] Noventa años después, la misma represión a los “manteros” de Barcelona. Así como la Segunda República no puso fin a la represión de la pobreza ni a las luchas de los trabajadores, la “alcaldesa del cambio” (sic) continúa con las mismas políticas represivas de los anteriores gobiernos de CiU y PSC-ICV. www.izquierdadiario.es el 14 de noviembre de 2019.

9] En un mordaz tweet, la CNT de Barcelona afirmó que Ada Colau y Pablo Iglesias, durante la última campaña electoral, “cantaron Bella Ciao mientras concedían la venta de servicios sociales, guarderías y servicios de asistencia a domicilio a las empresas de Florentino Pérez”. Además, concluyeron, irónicamente: “Todo está en orden”. www.larepublica.cat

11] https://rapportsdeforce.fr/pouvoir-et-contre-pouvoir/alternative-municipale-a-grenoble-le-pouvoir-est-il-maudit-08302140 30 de agosto de 2018 Stéphane Ortega

12] Como Clement Pairot señaló muy bien en Ouishare Mag, la tensión causada por una forma de tecnologización de la ciudad parece incompatible con su diversidad social. Al considerar al ciudadano como un producto y un consumidor, genera tanto dependencia como exclusión.

Si la tecnología siempre ha dado forma a la ciudad, como el coche, esta integración es siempre una sobreintegración, como si la tecnología invadiera siempre todo el receptáculo urbano. La Ciudad Inteligente lleva esta tendencia aún más lejos y a cambio genera críticas cada vez más fuertes. Tanto es así que la pregunta ahora es si no es un programa contra la democracia y la diversidad, destinado a empujar a los pobres cada vez más lejos. https://www.lemonde.fr/blog/internetactu/2017/02/25/

13] Según el testimonio publicado en Asaltados y asaltantes: historia inmediata de cuatro años de municipalismo electoral mai 2019 https://www.todoporhacer.org/asaltados-y-asaltantes/ refiriéndose a la llamada participación ciudadana: “Y ahora que se movilizan más ciudadanos, sólo tengo que abrir el portal de participación ciudadana de mi ayuntamiento, que cuenta con unas 200.000 personas, y ver que las propuestas no llegan ni a 400 votos”.

14] La ciudad, el SI y la compañía: de lo funcional a lo multipolar Emmanuel Bertin y Sébastien Tran. Management Prospective Ed. | ” Management & Avenir ” 2014/2 N° 68 | páginas 54 a 72 Ver también ” Les métropoles barbares ” de Guillaume Faburel en las ediciones de Passager Clandestin 2019.

15] Ver “Agir ici et maintenant. Penser l’écologie sociale de Murray Bookchin ” Floréal M. Romero Ed. du Commun octubre 2019, P. 99 a 104.

 

EL CAPITALISMO VIRAL Y SUS ESTADOS HISTÉRICOS

La propuesta comunalista para su confinamiento definitivo Un problema sin solución es un problema mal planteado. Albert Einstein
Es casi seguro que el problema actual no se sitúa realmente ahí donde se manifiesta. Por supuesto, me refiero al virus que está plagando todas las mentes día y noche y cuyo nombre no quiero recordar. Antes de que me traten de inconsciente, o de que estoy fuera de la realidad por no trabajar en un hospital, permítanme dar un paso atrás para tratar de reenfocar el problema. Si consideramos que el mundo está enfermo y, de buen seguro que muy pocas personas se opondrán a este diagnóstico, ¿cómo no pensar que la sociedad que nos ha tocado vivir no esté a su vez enferma?, ¿cómo no pensar que es esta sociedad la que está destruyendo su propio entorno natural? Sólo la ceguera nos impide darnos cuenta que los miembros de esta sociedad estamos padeciendo directamente las consecuencias1. Pero la sociedad está enferma del gigantismo, está destruyendo tanto al entorno natural como a la propia sociedad. Por ese gigantismo, por la sobre densidad y la promiscuidad en las metrópolis. el confinamiento no es totalmente nuevo. Solo nos confundía la incesante movilidad en la que estábamos envueltos y que nos daba la sensación de ser libres dentro de la cárcel. Por otra parte, es cierto que el ser humano es capaz de monstruosidades, tales como destruir el medioambiente que lo alberga o asesinar a otros seres humanos, pero esa facultad es la que tambiénle otorga la capacidad de crear. Todo ello depende del tipo de relaciones establecidas y socialmente estructuradas a lo largo de la historia. Sobre todo cuando la relación de dominación entre las personas desemboca en la relación de producción. Ese tipo de relación es la que determina el carácter creativo o destructivo, descentralizado o centralizado de esta sociedad y su relación con el medio ambiente. La esclavitud, la servidumbre y el capitalismo con sus sus diferentes formas de Estado, nos muestran la evolución de las relaciones de dominación y las de producción así como la progresión de la destrucción que generan. Sin embargo, diferentes fuentes de conocimiento nos muestran que esto no siempre ha sido así.

Esta retrospectiva nos permitirá, con la distancia, restaurar el virus en una dimensión sin duda menos obsesiva. Ciertamente ha logrado un resultado genial, en relación con otras pandemias que habían fracasado como la del año 1945, VIH, enfermedad de las vacas locas, SARS-CoV-2, Gripe A (H1N1), Ébola, etc. Ya se nos ha echado encima un demonio total llamado pandemia. Y, por mucho que nos calentemos la cabeza, no hay manera de saber lo que nos está pasando y como quitarnos de encima esa manta mediática que nos impide ver más allá. ¿No nos estarán afectando más esas medidas políticas que han tomado las autoridades tanto a nivel psicosomático personal como a nivel social que el propio virus?. Algunes investigadores cuestionan el hecho de que este virus tenga una capacidad letal en comparación con otros. Otres llegan incluso a cuestionar la propia nocividad de los virus como tales, argumentando que son meros desencadenantes de patologías ya existentes. Esto nos obligaría a centrar todos nuestros esfuerzos en la comprensión y la búsqueda de fórmulas más adecuadas para curarlas. Estos últimos enfoques, minoritarios por cierto, parecen confirmar las investigaciones del i biólogo francés del siglo XIX Claude Bernard2 quién afirmó: “El microbio no es nada, el terreno lo es todo”, y nos remite a la noción clave de medio ambiente.3 En lo que respecta a nuestro cuerpo, nuestro medio interno, debemos admitir que esta imposición del confinamiento no ayuda, sino todo lo contrario. Provoca un gran estrés debido a la paranoia del virus, además de la obligación de luchar como en tiempos de guerra contra un enemigo invisible sin actuar. Pues no se trata para nada de actuar, sino de obedecer, sometiéndose al control policial o incluso colaborando con la denuncia de los disidentes, por el bien de todos. En lugar de promover factores de salud, como mover el cuerpo hacia el exterior, comer sano, respirar aire puro o sentir los olores, el contacto con la tierra, las relaciones amistosas, etc., se promueven los factores contrarios a la salud. El secuestro de la vida social a través del militarismo, ciertamente nos sumerge en un estado de inhibición de la acción, tan desastroso para la salud, como demostró otro biólogo del siglo pasado, Henri Laborit4. Las personas más frágiles, la mayoría de ellas en la escala social más baja, son las más afectadas. Es el caso de les precaries, les sintecho, les migrantes, les preses y el personal sanitario debilitado por el agotador trabajo en hospitales demasiado llenos y sin medios suficientes.

a) ¿Qué es un Sistema de salud? Esta intervención por la fuerza no se podría sustentar sin una previa asimilación del concepto que tenemos de la salud, así como de la enfermedad. Así pues, el sistema de salud establecido por esta sociedad, tanto en el plano conceptual como en el práctico, no está orientado hacia la salud como tal, sino que se enfoca hacia la enfermedad. Ataca a esta última como un ente, como a una enemiga, lo cual no siempre es el caso, al menos en sus fases tempranas y benignas5. Por otra parte, las cosas se complican al empeñarse en eliminar los síntomas sea como fuera, incluso con veneno, en lugar de poner al cuerpo en las mejores condiciones posibles y dejarlo actuar por sí mismo. El proceso curativo es un proceso desarrollado a lo largo de miles de años sin esperar a Pasteur y siempre en estrecha interacción con los virus y las bacterias. Las repetidas y múltiples represiones de las manifestaciones del cuerpo por medio de venenos, terminan por destruir las capacidades curativas y regenerativas del cuerpo. Como resultado, este debilitamiento favorecerá la aparición de enfermedades degenerativas e incluso autoinmunes, al igual que también los provocan los venenos de los agroquímicos y las partículas tóxicas de nuestros alimentos y todos aquellos elemento dispersados en el aire y en el agua, que cada vez están más contaminados. Por otro lado, tirar todo por la ventana sería una estupidez. ¿Quién negaría los enormes progresos realizados contra los parásitos tropicales, por ejemplo, o la cirugía?. Pero, sabiendo que el 80% de todas las enfermedades son generadas por nuestras condiciones de vida, ¿por qué no se enseña a les profesionales de la medicina el estudio de los procesos y condiciones que promueven a la salud?. b) La enfermedad mortal del sistema de salud De hecho, todo el sistema está impulsado por una industria cuya influencia, márgenes y beneficios son inconmensurables, como bien lo señala un informe del año 2005 realizado para la Cámara de los Comunes del Reino Unido6: “La industria farmacéutica está traicionando sus responsabilidades ante el público y las instituciones. Las grandes empresas se han centrado cada vez más en la comercialización, en lugar de la investigación, y tienen una influencia omnipresente y persistente, no sólo en la medicina y la investigación, sino también en los pacientes, los medios de comunicación, los gobiernos, los organismos reguladores y los políticos. (…) Se ha incrustado en todo el sistema, en todos los niveles. Define los programas y la práctica médica. También define los objetivos de la investigación sobre drogas en prioridades distintas de la salud pública, basándose únicamente en los mercados que puede abrir. Determina no sólo lo que se va a investigar, sino también cómo se va a investigar y, sobre todo, cómo se interpretarán y publicarán los resultados. Ahora está fuera de control. Sus tentáculos se están infiltrando en todos los niveles. Debe ser sometido a profundos cambios. » Así, como los buitres, los consorcios que también controlan casi todas nuestras necesidades primarias, como los alimentos, de los que somos desposeídos, continúan controlando las enfermedades degenerativas que ellos mismos han causado. Así pues estas muertes se atribuirán, no al cáncer u otras causas preexistentes, sino a la transmisión de virus. ¿No es esta una forma de reducir artificialmente la mortalidad por cáncer, que sigue siendo una de las principales preocupaciones? Entonces podrán seguir vendiéndonos con impunidad medicamentos para nuestros cánceres, ataques cardíacos, apoplejías, diabetes, Alzheimer, Parkinson, depresión y esclerosis múltiple. Es la serpiente que se muerde la cola: el sistema de salud se agota como tal y se convierte en guardián, incluso promotor de estos desastres. c) Pensar en la salud como un todo.

En un sistema de dominación no es bueno preguntarse el por qué. Por ejemplo, el por qué perdemos la salud física y mental. Probablemente nos hemos olvidado de que la salud, sigue siendo la condición primera y normal de cualquier organismo vivo. Es mejor para los poderes fácticos normalizar la enfermedad como enemigo desde el principio, no considerarla como un proceso vital destinado a restaurar la salud. Porque si seguimos esta última lógica, también llegaríamos a hacernos preguntas radicales, es decir, ir la raíz, a las causas, hasta llegar también a cuestionar la salud del entorno social y natural en el que vivimos. Si extendemos este concepto de la salud al nivel social, para el Estado y sus engendros, la supresión de los chalecos amarillos, por ejemplo, es un deber saludable. Es mejor que los guardianes del orden establecido acusen a los manifestantes de ser enemigos del cuerpo social en lugar de considerarles reveladores de la miseria y el malestar, o sea como una oportunidad y posibilidad de regeneración social. No descuidemos este enfoque disidente y muy minoritario de la salud, que también se basa en estudios científicos serios. El problema es que la ciencia se ha utilizado durante mucho tiempo para racionalizar la “efi-Ciencia ” productivista del capitalismo. La inmensa influencia de esta lógica burguesa sobre la salud y la enfermedad se aplica a todos los ámbitos de la vida, pero desgraciadamente muchos de sus oponentes la han asumido sin querer. Esto es lo que Marx llamó la superestructura, la totalidad de las ideas de una sociedad, sus producciones no materiales como las instituciones políticas, las leyes, la religión, la filosofía, la moral, el arte, pero también el pensamiento y la conciencia de sí mismo. Es precisamente la superestructura la que permite mantener la infraestructura, es decir, las condiciones de producción (clima, recursos naturales), las fuerzas productivas (herramientas, máquinas) y las relaciones de producción (clases sociales, dominación, enajenación, salarios…). Les opositores, de “sensibilidades de izquierda o ambientalistas”, les que todavía están subides o creen en el vector de la democracia representativa, están lejos de haber cuestionado esta superestructura que se ha infiltrado en cada une de nosotres. De ahí sus demoras con respecto a las instituciones del Estado. Al atribuirle cualidades casi humanas para su gestión social soportable, forzada sólo por nuestras luchas o en previsión de ellas, han mantenido el mito de un capitalismo con rostro humano. Al hacerlo, nos olvidamos de sus continuas masacres del pasado y del presente, en todo el mundo, su estructura y su dramática dinámica depredadora, fría y biocida que no retrocede ante nada. El Estado, gobernado por unos u otros, no es ni puede ser más que el instrumento del capital para ayudarle en sus crímenes, aunque sea pasando por encima del cuerpo de la mitad de la humanidad. Sin embargo, las máscaras de la alienación ideológica, colocadas correctamente a la altura de los ojos, están tardando en caerse. Es esta medida profiláctica de la mente la que hace imposible ver lo que hay detrás de este colosal esfuerzo de los estados por salvar vidas. Este esfuerzo, del que se reclaman los gobiernos y del que se hacen eco todos los medios de comunicación del mundo, más bien lo está padeciendo los trabajadores de la salud. Y quienes lo están aguantando son los pueblos y ciudades confinadas por su propio bien. Sin embargo, bastaría con quitarse la máscara para darse cuenta de que el papel del Estado es otro.
II – Un único problema que los contiene todos: el capitalismo histérico en transición “Sólo el positivismo sedimentado como forma de pensamiento común puede establecer un virus como causa de una crisis económica: el confinamiento cognitivo en un mundo articulado de hecho por causas y efectos inmediatos es parte de la estructura mecánica abstracta de la ciencia moderna”

a) El telón de fondo “Las condiciones burguesas de producción y comercio, las relaciones de propiedad burguesa, la sociedad burguesa moderna, que ha dado nacimiento a tan poderosos medios de producción y comunicación, se asemeja a ese mago, ahora incapaz de exorcizar los poderes infernales que evocó… Solo tenemos que recordar las crisis comerciales que por su retorno periódico, amenazan cada vez más a la existencia de la sociedad burguesa. En estas crisis, gran parte, no sólo de los productos ya creados, sino también de las fuerzas productivas, se entrega a la destrucción. Una epidemia social estalla, que en cualquier otro momento, habría parecido absurdo: la epidemia de sobreproducción. De repente, la sociedad es devuelta a un estado de barbarie momentánea: parece que una hambruna, una guerra de destrucción universal le han cortado alimentos; la industria y el comercio parecen haber desaparecido. ¿Y eso por qué? Porque la sociedad tiene demasiada civilización, demasiada comida, demasiada industria, demasiado comercio.8 Desde entonces, crisis tras crisis, la situación no ha mejorado, todo lo contrario. Hemos llegado a un capitalismo plenamente desarrollado, con una plétora de bienes que inundan los mercados, pero sin salida. Además, la tecnología de la información, la automatización y la robotización permiten al capitalismo desvalorizar descaradamente lo que constituye su propia dinámica, el trabajo humano, y saquear despiadadamente el mundo natural que constituye la base material de su crecimiento. El capitalismo no puede detener su actividad durante mucho tiempo bajo pena de muerte, por lo que aumentará la circulación de dinero como sea para estimular el poder adquisitivo que falte. El dinero que luego se convierte en una mercancía, se compra por sus promesas y conduce a la especulación. Este es el dominio de las finanzas, una actividad creciente en el surco cavado por el propio capitalismo. Así es como el capital ficticio se ha convertido hoy en día en un elemento esencial de la dinámica económica que, con un endeudamiento exponencial, inexorablemente, como un cáncer, lleva a este mismo capitalismo a su propia caída. “La actitud yanqui (la de reemplazar el patrón oro por el dólar) era una necesidad estructural, que revelaba que en el capitalismo, como en una figuración hegeliana, la culminación del desarrollo correspondía al comienzo de su decadencia. »9 b) Preparándonos para la 4ª revolución 8 Karl Marx y Friedrich Engels. Manifiesto del Partido Comunista, 1848.

El capitalismo tiene más de un as bajo la manga, y en la próxima agonía, se verá obligado a cambios estructurales como nunca antes se habían dando. El caparazón social se ha vuelto demasiado pequeño, demasiado pesado, costoso y restrictivo, y necesita ser descompuesto. Una vez más, se trata de reducir los costos de producción, aunque esto lleve a la quiebra, al eliminar la mano de obra humana, que se está volviendo cada vez más obsoleta. La convergencia entre ciencias y tecnologías de vanguardia (genoma humano, nanotecnologías, conexión 5G10, inteligencia artificial, ciudades inteligentes, grandes datos, robótica, neuronas digitales, biología digital, etc.) a abierto paso a la cuarta revolución industrial. Pero esta revolución requiere una nueva estructura social que se adapte al nuevo modelo de producción y con dinámicas de trabajo y consumo que resulten de ella. Hoy en día se trata de dar un giro en ángulo recto para una profunda modificación de todas las estructuras sociales existentes. Estamos en pleno capitalismo cognitivo, aparecido ya en los años 90 y basado en la industria del conocimiento. Una industria que pide a gritos toda la potencia de los ordenadores, operando en redes. Para ser competitivos, todas las actividades se alinearán de aquí en adelante con lo digital, y con conexión 5G. Uno de los posibles escenarios teóricos sitúan al hogar como el epicentro del trabajo, del consumo y de la educación, convergentes en red. Sí, una red, pero virtual, en soledad física y a merced de los poseedores de los medios de producción, y para ello, se necesita un colosal, dificultoso e inaudito proceso de reeducación. Esto requiere la implementación de una gigantesca ingeniería social, sin precedentes en la historia de la humanidad, además de la urgencia del próximo colapso que obliga a resolver la ecuación en un tiempo récord. Se tiene que golpear rápido y fuerte para romper cualquier resistencia anticapitalista. Ya lo hizo en otras ocasiones pero esta vez se parece más a una de las peores distopías de ciencia ficción. La realidad nos demostrará una vez más que para el capitalismo, cualquier barrera puede romperse. c) La eficacia del miedo Sería aventurarse en el terreno pantanoso de las teorías de conspiración, que impiden cualquier análisis radical, para argumentar que el guión ya fue escrito de antemano. Pero a menudo, la oportunidad es la que hace al ladrón. Ciertamente, como Marx dejó claro, el capitalismo es un sujeto autómata que sigue su propia lógica, la de la valoración del valor, pero también tiene sus suboficiales, que lo siguen o incluso lo adelantan y harán todo lo posible para evitar sus reveses. En los últimos decenios, podemos percatarnos del afán de ciertos economistas como Jeremy Rifkin11 o el Premio Nobel Stiglitz (capitalista progresista) de movilizarse en favor del capitalismo verde, “como si estuviéramos en estado de guerra”. Esta movilización ya ha empezado, pero no hay garantía de que los jóvenes seguidores de Greta Thumberg sigan el proyecto del New Green Deal hasta el final. Estes jóvenes pueden incluso llegar a despertar una conciencia anticapitalista. En esta atmósfera de un resurgir de los movimientos de protesta en todo el mundo, sucede que China, un país al borde del colapso económico y ecológico se enfrenta a un grave problema de salud que desembocan en muertes, debido a la contaminación. Se producen revueltas y el diagnóstico cae: ¡es una pandemia! Una bendición inesperada caída de los cielos extremadamente contaminados de la provincia de Wuhan. Una herramienta formidable para canalizar cualquier protesta a través de la tecnología digital, un proceso ya muy avanzado en este país y completamente exportable.

En un primer momento les pilla de sorpresa a los líderes políticos de Occidente. Pero una vez atrapados, improvisan y no dudan en movilizar todos sus recursos contra el inesperado enemigo llamado virus. Resultaría ser un suicidio para su carrera política no hacerlo. Así que improvisan. Siguiendo la lógica misma de la medicina oficial, la que dicta atajar de raíz el paso al microbio enemigo, se decreta que los vuelos que provienen de China ayudaron a la propagación del virus. También que cualquier contacto humano pone un peligro nuestra salud. Detengámoslo todo pues, especialmente en las metrópolis. Evitemos a toda costa a la persona vecina, amiga, a cualquier persona en el metro, en el autobús o en la calle. De esta manera, se pone en jaque la antigua sociabilidad, que todavía era indispensable durante la primera, segunda e incluso tercera revolución industrial. La separación se convierte en un acto responsable, y la desafección humana se naturaliza. Se trata de dejar claro que podemos vivir sin estar en contacto con otras personas, de instalar este mensaje en la civilización humana. Pero para traducirlo en realidad, es esencial contar con el apoyo de grandes sectores de la población y de la clase media para invocar medidas de control autoritarias. Una vez más, nada es más efectivo que el miedo. 2,3 millones de muertes en todo el mundo por accidentes de trabajo, más de 35 millones por desnutrición, 1,5 millones por tuberculosis no tienen ningún efecto. La muerte tiene que estar presente como en años pasados, pero esta vez tiene que estar ahí, cerca, justo delante, que se vea12. El constante bombardeo de los medios de formación de masa, se encarga de desatar este miedo, gracias al horror de las miles de muertes en el mundo, pero también aquí cerca, en los hospitales, con los celadores vestidos de cosmonautas. No cabe duda: todes muertos por el famoso virus. La Ciencia ha hablado, no hay nada que decir. El resultado de este “progreso” es el que Klaus Shwab, el creador del Foro Mundial de Davos, ya anunciaba en el 2018: “alrededor del 47% de los empleos estadounidenses están amenazados, tal vez en los próximos diez o veinte años; una destrucción de empleos a una escala mucho mayor y a un ritmo mucho más rápido que los cambios del mercado laboral experimentados en las anteriores revoluciones industriales”.13 d) La red del equilibrista El capitalismo viral, con fiebre, apelará por lo tanto, como siempre, a aquellos Estados que, al final de su proceso de afirmación y aplicando las leyes de la medicina, tratarán de inmunizarse contra la decadencia de su protector, inyectándose la peste parda14. La llamada “noción democrática” de toma de decisiones se ve ensombrecida por un llamamiento colectivo a la guerra y, por tanto, a la disciplina militar. Los Estados de alerta, emergencia y suspensión de garantías se vuelven inevitables y se produce el primer estado de sitio planetario, a pesar de la aparente contradicción de los casos de retorno de fronteras, como son los casos del Brexit o de Trump. De hecho, ahora es prácticamente imposible escapar de la globalización. Por lo menos en lo que respecta a la economía, porque la situación es muy diferente para todos les migrantes que se amontonan en las fronteras y de quienes ya no se habla. Lo cierto es que los Estados, con diferentes pretextos, se han estado preparando desde la crisis de 2008. Un ejemplo lo encontramos en Francia tras el atentado en París del 13 de noviembre de 2015, donde se reforzó la legislación en materia de seguridad tras levantarse el estado de emergencia. Otro caso es el que encontramos en España, donde la ley mordaza aprobada en 2015, puede abolir la libertad de expresión y de manifestación, y prevé multas de hasta 600.000 euros. Hoy en día, con la guerra internacional contra el enemigo común invisible, el estado de alarma impuesto por el gobierno de izquierdas, cualquiera puede convertirse en terrorista, incluso alguien que simplemente altera el orden público, por haber salido a la calle tres veces seguidas el mismo día. Todos estos fenómenos, sumados a la denuncia de disidentes por parte de les chivates, so pretexto de solidaridad pero siempre desde la distancia, los desfiles de las tropas militares en las calles de Bilbao al canto de “¡Viva España!”, son un regreso al punto de partida, al franquismo. Adorno dijo una vez que le preocupaba menos el fascismo contra la democracia que el fascismo dentro de la democracia. Sin embargo, más allá de Adorno, el fascismo debe ser visto como la continuación de la democracia en otras formas. Es cierto que China nunca ha salido de una dictadura y que la coartada del virus es una razón más para fortalecerla con métodos orwellianos. Con este golpe no podemos excluir que China venda con éxito su modelo de estado policial digital con el pretexto de una pandemia15. Las democracias como Alemania o Europa del Este, Rusia, Brasil, Chile y otras, rezumen fascismo aunque sólo sea por su aparato militar y policial. Estos Estado estarían dispuestas a comprarlo porque la famosa democracia debe ahora reducirse unicamente a su núcleo represivo16. En esta guerra despiadada, les desfavorecides, les perdedores deben morir tan silenciosamente como sea posible, y estas no son cosas negociables democráticamente. e) Ya nada será como antes Incluso si la guerra contra este virus se hace cada vez más larga, esta situación sigue siendo demasiado restrictiva para durar mucho. Aún no estamos bien equipades para vivirlo sin que perdamos los estribos. Además, una vez que el pico de muertes haya pasado, el de las personas más frágiles y las más expuestas a la miseria, el estrangulamiento del estado de guerra se aflojará. Ciertamente pronto experimentaremos un retorno a la normalidad, pero ya no seremos las mismas personas. Incluso puede ser que, gracias a las izquierdas del capital17, el Estado asigne una Renta Básica Universal, tanto en España como en Alemania, para empezar.

Nótese que esta fue originalmente una idea de Milton Friedman, retomada por el economista estrella del liberalismo conservador, Friedrich Hayeck. En cualquier caso, las repercusiones de esta crisis del capital serán importantes, ya que la hegemonía de la sociedad capitalista de la cuarta revolución industrial ya no será una utopía hombres y mujeres de todo el planeta. Si no, ¿cómo podemos explicar que el CAC40, a pesar del descenso, sigue siendo un 25% más alto que su valor en 2008? La nueva normalidad creará nuevas formas de repensar el hogar familiar autista, aislado de los demás, como un lugar para vivir, trabajar, educar, cuidarnos en salud, seguridad, dentro de la ilusión de gobernarnos. El mundo se volverá virtual, incontrolable para nosotres, pero dejaremos que los grandes se encarguen de nuestra tranquilidad en casa. E incluso tendremos la posibilidad de votar a nuestros representantes en esta nueva democracia virtual. Sin duda, se producirán nuevas crisis y otros medios para consolidar la hegemonía de la nueva sociedad, pero se ha sembrado la semilla del nuevo orden capitalista. Lo que estamos experimentando ahora conel confinamieno, nos pueda dar la medida de lo que le espera a la humanidad dentro de unas décadas, con excusa del cambio climático, si la estructura económica y política del mundo no cambia muy rápida y radicalmente. Y más aún cuando por la redes sociales se están extendiendo ejemplos de una diminución de la devastación ecológica, debido a la disminución de las actividades económicas. Por ejemplo, la desaparición de la nube de contaminación en Beijing, el regreso de los delfines al puerto de Cagliari y los peces a los canales de Venecia. Con estos casos, la ecología profunda argumenta que Gaia se está vengando de nosotres, y de ahí hay un paso muy corto a pensar que la Tierra se está purgando de la plaga humana. Los ecofascismos no tardarán en subir. El R.N. de Marine Le Pen o el Fidesz de Viktor Orban ya han hablado varias veces de la necesidad de reforzar el cierre de las fronteras como medida para combatir el cambio climático. En una entrevista hace unos meses, Le Pen sostuvo que las preocupaciones climáticas son intrínsecamente nacionalistas y que les nómadas, como ella llama a les migrantes, “no se preocupan por el medio ambiente porque no tienen patria”. Por ahora, las medidas que proponen no incluyen el exterminio o la esterilización forzada, pero ¿quién sabe?. Siempre pueden cambiar, otros lo han hecho antes que ellos. La crisis actual ya lo están haciendo, acentuando la pobreza y la miseria de miles, incluso millones de personas en las afueras de aquí, pero especialmente las de la India, África y América Latina.
No queremos que “la pandemia nos dé la oportunidad de regular una máquina económica especulativa que se ha vuelto loca”, como sugiere el economista Pierre Yves Gómez. No queremos esta máquina económica mortífera. Es hora de que las resistencias anticapitalistas se atrevan a reflexionar sobre esta nueva realidad y se den cuenta de que el capitalismo es por esencia totalitario, siendo su democracia sólo el telón de fondo de su sociedad del espectáculo. Es por ello que tenemos la obligación de salir de ella.

III – ¡Que no jueguen con nuestra salud, con nuestras vidas! Hagámoslas nuestras “Allí donde crece el peligro, también crece la salvación” Hölderlin a) Reaccionar, pensar y preparar la respuesta No volvamos a la normalidad, porque la normalidad era el problema. Así que empecemos desde el peligro, aplastémoslo en su propia concepción uniendo la teoría y la práctica, sabiendo que ambas son complementarias e interactivas. Así que tomémoslo de raíz, al contrario de lo que hacen algunas personas, acariciándolo y abrazando la tesis oficial del virus desde el principio. En la salud como en la política, el fin no justifica los medios, y los medios deben ser similares a los fines. Es tan incongruente pensar que nos vamos a desintoxicar ingiriendo más veneno como que el Estado puede servirnos para emancipar a la sociedad. A riesgo de contradecir sus propias elecciones políticas, Sartre argumentó: “El fin es la unidad sintética de los medios empleados. Por lo tanto, hay medios que corren el riesgo de destruir el fin que se proponen alcanzar, rompiendo con su mera presencia la unidad sintética en la que quieren entrar”. Sí, preparémonos, pero sin esperar a que Papá Estado nos dé permiso para hacerlo. Hagamos lo que tengamos que hacer cuando nos apetezca hacerlo, cuando tengamos la convicción y la fuerza para hacerlo. Si algo positivo podemos sacarle a esta bravuconada conjurada por los Estados siempre al servicio del Capital, es sin duda, que incluso en países muy alejados unos de otros, se ha generado a la vez y por primera vez en la historia una pauta conjunta. Una oportunidad de medir lo que nos rodea, el entorno que nos alberga, los miedos que nos habitan, de evaluar nuestras fuerzas y debilidades, tanto personales como colectivas, de hacer un balance y empezar a pensar en un movimiento emancipador. No nos dejemos engañar por la retórica paternalista que engaña en nombre de la solidaridad y que de hecho rompe los lazos. Aprovechemos esta oportunidad para denunciar lo que realmente pone en peligro nuestra salud, individual pero también social, contra los OGM, los pesticidas, la industria alimentaria y farmacéutica, la energía nuclear, los metales pesados, la contaminación en general, la destrucción de los ecosistemas, etc. Rechacemos todo aislamiento y confinamiento en todos los ámbitos de la vida, ya que estas medidas van en contra de nuestra naturaleza social fundamental y de nuestra psique básica. Por lo tanto, no consideremos que la cuestión social ha vuelto. Siempre ha estado presente, pero tomará aún más importancia, con más sufrimientos todavía. Una nueva pobreza se está agudizando cada vez más, y cada vez más gente se queda atrás y la causa de todas estas distorsiones y destrucciones radica únicamente en la búsqueda obsesiva de la valorización monetaria, en el marco de un mercado competitivo. b) Empezar a construir aquí y ahora18 Articulemos todas estas luchas, pero también las alternativas con la esperanza de crear un movimiento estructurado horizontalmente desde lo local. Un espacio que no esté confinado sino por el contrario abierto y que, partiendo de los medios y necesidades individuales y familiares, se abra a los demás por la comunicación, el apoyo mutuo y la empatía para recuperar el deseo de vivir juntes. Este deseo fundador, esta alegría de luchar, de decidir, de producir hombro con hombro, reduciendo las desigualdades y eliminando el veneno de la dominación, es lo que necesitamos esencialmente. La necesidad de imaginar colectivamente nuestro entorno social en relación con nuestras necesidades esenciales y en relación con nuestro entorno natural. Porque lo importante es esta creación colectiva, a partir de las iniciativas de todes y cada une de nosotres. Es lo suyo crear partiendo de nuestra propia cultura y ampliándola con las de los demás pueblos a través de las fiestas y las artes de todo tipo. Todas aquellas actividades que nos hacen ser seres humanos, nos han sido robadas y reducidas a caricaturas en un solo binomio: trabajo/consumo, y ahora cual en lugar distinto. Ciertamente, para generar un movimiento sustancial, tendremos que inyectarle una fuerte voluntad de deshacernos de los valores social-darwinianos de la competencia, sexistas, patriarcales, racistas en todas sus variantes. El otro elemento indispensable para esta convergencia, el que la vincula de alguna manera, es un horizonte común de sentido (Merleua Ponty)]: salir del capitalismo mortal, pero conservando los logros del pasado para inspirarnos y, al mismo tiempo, evitar sus escollos. Esto es lo que la ecología social se propone hacer, tanto en análisis como también emancipación e integración social en el medio natural. Su propuesta comunalista es su herramienta política para lograrlo. Retomemos por nuestra cuenta la noción de servicios públicos usurpados por el Estado. El Estado al que no podemos más que considerar parte esencial del capitalismo es también en sí mismo una empresa. Una empresa, inmersa en el mercado y siempre en competencia con otras empresas que ahora son transnacionale; por eso no puede considerarse un servicio público, como creyeron durante mucho tiempo las personas de sensibilidad de izquierda. El publicum se refiere a toda la comunidad, a toda la ciudadanía, y es una distorsión ideológica abandonar su gestión al Estado, que lo tiene a su disposición y lo dirige a su antojo. El apego a la ciudadanía, a los servicios públicos y en particular a los servicios de salud, es bastante encomiable porque hace tiempo que creen que el Estado es un instrumento neutral fuera de la influencia económica. Una vez aclarado este malentendido, debemos retomar esta noción para eliminarla de una vez por todas de las leyes tiránicas y mortales del mercado. Precisamente en lo que afecta a la salud tan sensible en este momento, conscientes de las dificultades que se nos presentan, ya podemos ir avanzando, liberándonos de la en primer lugar prisión mental que representa el confinamiento. El desafío consiste en integrar en nuestras reflexiones y asambleas, a personal competente, que actualmente y por lo general están demasiado implicados en las estructuras jerárquicas del “Sistema de salud”. Unas jerarquía unicamente apenas cuestionada por algunos de los sindicatos minoritarios. Tendremos que confiar en esta minoría porque el sistema sanitario y hospitalario es en su mayor parte un destacado bastión de las clases medias e incluso trabajadoras, de esas que todavía creen sinceramente que el Estado es una entidad neutral y que algo puede hacer, solo con inyectar dinero ahí donde debe hacerlo. Nos corresponde crear círculos preliminares de debate con el personal sanitario sobre este tema crucial y demostrar que el hecho de examinar el sistema de salud desde otra perspectiva, conlleva cuestionar al sistema social actual basado en la explotación y la discriminación de los más pobres. Tendríamos que apoyar las iniciativas que se propusieran, como por ejemplo ocupar los centros sociales existentes. Y por otra parte también aquellas que luchan por el mantenimiento del personal y contra la precariedad y vincularlo con una iniciativa complementaria, la de la creación de cooperativas sanitarias autónomas, a nivel de barrio y sujetas a las decisiones de sus asambleas. El objetivo es evaluar nuestras necesidades en términos de infraestructuras, medicinas y técnicas realmente útiles y desechar a las demás. Sin ideas preconcebidas y siempre con vistas a la descentralización y para darle más cuerpo al propósito, el sistema sanitario debe ser obra colectiva. Como en otros ámbitos, inspirémonos en las iniciativas zapatistas que, con pocos medios, han logrado un sistema de salud coherente, asumiendo en su propia base “un proceso de desespecialización parcial respecto a las tareas relacionadas con la salud y el reparto de
las responsabilidades que ello implica”19. Siendo el objetivo, a través de la educación popular, asumir en la medida de lo posible una autogestión de nuestra salud personal a través de conocimientos básicos sencillos. Partiendo de las asamblea de barrio formadas entre usuaries, profesionales, agricultores, dietistas, investigadores, psiquiatras, etc, en todos los barrios y pueblos, nos federaremos a nivel territorial con otras asambleas. Y a largo plazo, apuntaremos a la descentralización y al desmantelamiento de los cánceres sociales y ecológicos que representan las metrópolis asfixiantes y contaminantes. Si la soberanía alimentaria es políticamente una prioridad para lograr la autonomía, también lo es para conseguir una buena salud. Por lo tanto, debemos hacer todo lo posible para acelerar la creación de grupos de consumo que se impliquen con les agricultores. Así es como conseguiremos que nos proporcionen alimentos sanos, sin los venenos y la sobreexplotación humana y la del medioambiente como lo está haciendo la agroindustria (incluida la orgánica). De esta manera favorecemos los circuitos cortos, ahorrando energía, favoreciendo a la proximidad y a la comunidad. Además de la soberanía alimentaria, actuar en esos grupos comprometidos como se hace en Francia con las AMAP (Asociación para el Mantenimiento de la Agricultura Campesina), significa también apoyar a les agricultores locales que participan activamente en la preservación e incluso el enriquecimiento de nuestros ecosistemas y que no abusan de la tierra o de les trabajadores. Esto es, a través de su práctica de autogestión, un eslabón fundamental en la salida del capitalismo y en el logro de la autonomía. Este fuerte y pragmático vínculo entre el campesinado productor y el consumidor responsable y cívico abre el camino a una economía moral20 para la transición. Además del vínculo de confianza, o incluso de colaboración directa que se pueda establecer a través del apoyo mutuo, se le está devolviendo a la agricultura local su papel fundamental, ese mismo que permite encajar y establecer el vínculo entre el entorno social y el entorno natural. Esta práctica constituye por sí sola una escuela de vida, la del apoyo mutuo y la de la inmersión en el medio ambiente a través de la experiencia sensorial, de nuestro vínculo con la naturaleza y el placer de formar parte de ella. Otra ventaja es que todos y todas podamos participar de una forma u otra en esta noble tarea adaptándola a sus propias posibilidades económicas o también por la participación directa para quienes no tengan esas posibilidades.

Sólo a través de este proceso primario, con la participación de todes, los resultados serán positivos e inmediatos en la salud social, por lo tanto en la psique y la salud física de cada persona. Así descubrimos a través de la práctica las virtudes, el placer de hacer las cosas juntes, con sus dificultades pero también con la alegría de la creatividad compartida. Y es esta realidad vivida la que nos hará tirar al basurero de la historia la perpetua frustración del falso placer nunca satisfecho por el consumo. De esta manera abrimos las puertas a esta dimensión del buen vivir, como un todo, esa dimensión tan humana que los zapatistas viven y nos transmiten. Esto se puede extender a los demás ámbitos de la vida, como la educación, la alimentación, la vivienda, la cultura, la artesanía, la industria, etc. Todas estas formas de organización y de decisiones colectivas se inter-penetran mutuamente, con el propósito esencial de satisfacer las necesidades de todes de manera autogestionada con todo el placer de vivir. Nos corresponde crear una dinámica de auto-institución política de estos lugares comunes con capacidad de implementar, en primer lugar, la solidaridad vital entre nosotres les humanes, extendiéndola a todos los seres vivos y al medio ambiente. c) Más allá de los Estados, el comunalismo para el mundo Esta plaga parda y digital nos revela que ya es hora de reaccionar mientras aún tenemos espacio para actuar. Necesitamos invertir la tendencia y avanzar hacia lo global partiendo de lo local como se propone la ecología social y el comunalismo. El confederalismo democrático de los kurdos del Rojava y el “mandar obedeciendo” de los zapatistas, nos han mostrado y siguen mostrando que la comunidad gestionada por les propies ciudadanes y articulada a todos los niveles es la mejor manera de regenerar el tejido social y los vínculos en todos los ámbitos de la vida, desde el ámbito social al político y viceversa. Este común se va definiendo a medida que lo vamos inventando y concretando. Sus contornos no están definidos de antemano porque es ante todo un riesgo. Y como los principales riesgos son mundiales, tenemos que darle la vuelta al reflejo de seguridad y al tropismo xenófobo del Estado, a su obsesión por el control y sus ramificaciones fascistas. Sabemos que esto no lo lograremos sin problemas y que el movimiento se forjará no sólo en la convergencia de luchas y alternativas, aquí y ahora, sino también a través de insurrecciones y levantamientos. Tendremos que estar preparados para eso. Para ello, y para poner todas las posibilidades de nuestro lado, intentaremos tender la mano a las brechas existentes, estructurando el apoyo mutuo a través de vínculos y la coordinación. Sabiendo que la salvación no vendrá desde arriba, debemos de esforzarnos por construir esta estructura horizontal de intercambio de conocimientos para un interés colectivo global en todos los aspectos de la vida. Debemos hacer todo lo posible para que entre todos los pueblos, en la riqueza de nuestras diversidades como pueblos y entornos naturales específicos, articulemos nuestras autonomías a partir del nivel local mediante el federalismo a nivel territorial y más allá, mediante el confederalismo. Se trata de iniciar aquí y ahora y en todas partes alrededor de nuestra madre tierra, una praxis auto-instituyente de les comunes. Sólo esta determinación inquebrantable nos permitirá empezar a cuidar del mundo y sus anfitriones, y salvarlo de la ciega e ilimitada depredación del capital.

 

Este es el proyecto comunalista.

Floreal M. Romero, 30-03-2020

 

Más sobre ecología social y comunalismo www.ecologia-social.net

www.ecologiesociale.ch

www.institutecologiesociale.fr

www.institutecologiesociale.fr/

 

I ¿Qué tal si hablásemos un poco de salud? 1 “La salud del ser humano es un reflejo de la salud de la tierra” (Heráclito, siglo V AC)
2 https://es.wikipedia.org/wiki/Claude_Bernard
3 Sería bueno que recordásemos en este aspecto la importante labor del médico rural naturista de la CNT, Isaac Puente
4 https://es.wikipedia.org/wiki/Henri_Laborit
5 La enfermedad no sólo es un desequilibrio o desarmonía, sino también, y quizás sobre todo, un esfuerzo de la naturaleza sobre el ser humano, para obtener un nuevo equilibrio. La enfermedad es una reacción generalizada con la intención de curar. El cuerpo crea una enfermedad para curarse a sí mismo. “Georges Canguhilemn – Le normal et le pathologique, 1943 – quién explica que no se volverá de la misma manera el estado anterior al de la enfermedad.
6 Covid 19: fin de partie ?! Jean Dominique Michel en su blog « Tribune de Genève » del 18 de Marzo del 2020
7 Maurilio Lima Botelho: Notas a propósito de la epidemia económica http://www.palimpsao.fr/2020/03/capitalisme-et-coronavirus.notes-a-propos-de-l-epidemie-economique-par-maurilio-limabotelho.html?utm_source=_ob_email&utm_medium=_ob_notification&utm_campaign=_ob_pushmail
8 Marx, Karl ; Engels, F. Manifiesto del Partido Comunista. 1848
9 Cap sur l’inconnu, Endettement mondial, crise monétaire et effondrement capitaliste Maurilio Lima Botelho – Julio 2018 http://www.palim-psao.fr/2020/03/cap-sur-l-inconnu.endettement-mondial-crise-monetaire-eteffondrement-capitaliste-par-maurilio-lima-botelho.html
10 Además de los millones de nuevas estaciones base 5G, cada 100m en zonas urbanas y 20.000 nuevos satélites en el espacio, se estima que 200.000 millones de objetos de difusión formarán parte del “Internet de los objetos” para el año 2020, y un billón para unos años más tarde. Si estos planes se llevan a cabo, nadie, animal, pájaro, insecto o planta podrá evitar estar expuesto, 24 horas al día, 365 días al año, a los nuevos niveles de radiación de radiofrecuencia, que serán decenas o centenares de veces más altos que los existentes hoy en día, sin posibilidad de escapar a ningún lugar del planeta. Declaración de Friburgo, firmada por más de 3.000 médicos. www.5gSpaceAppeal.org
11 “Si le diéramos la vuelta al viejo adagio de Marx, ¿qué pasaría si imagináramos a los proletarios de todos los países unidos para formar un ejército de “pequeños capitalistas”?” https://usbeketrica.com/article/trestechnophile-new-deal-vert-jeremy-rifkin
12 ¿Cómo pudimos sobrevivir en España el año pasado con 525.300 pacientes de gripe frente a 25.000 muertes por coronavirus y 6.300 muertes por gripe frente a 1.350 muertes por coronavirus sin paralizar el país? http://diariodetierra.com/la-histeria-interminable/
13 http://40.70.207.114/documentosV2/La%20cuarta%20revolucion%20industrial-Klaus%20Schwab%20(1).pdf
14 En 2018, el economista estadounidense que predijo la crisis de 2008, Nouriel Roubini, advirtió que la crisis ya no podía ser gestionada políticamente, como así se hizo en el año 2008 y los años siguientes. https://or.fr/actualites/nouriel-roubini-voit-une-crise-2020-que-penser-1415
15 El Gobierno español, siguiendo el ejemplo de China, está utilizando Big Data, un programa piloto para estudiar los datos de geolocalización de los teléfonos móviles con el fin de conocer los movimientos de los ciudadanos y así tomar medidas para evitar su agrupación. https://www.infolibre.es/noticias/economia/2020/03/20/l
16 El servicio de información 007, preparó un informe confidencial enviado al Primer Ministro Conte y al Ministro del Interior Lamorgese con esta advertencia: “Existe un peligro potencial de revueltas y rebeliones, tanto espontáneas como organizadas, especialmente en el sur de Italia, donde la economía sumergida y la presencia capilar de la delincuencia organizada son dos de los principales factores de riesgo”. El diario español ABC del 28-03-2020
17 Esta medida es propuesta en España por el Sindicato CC.OO. y por “Podemos”, el partido de la coalición de izquierdas en el Estado español. Puede parecer progresista, pero en realidad simplificaría las tareas del Estado en materia social al reducir los costos de tramitación de los expedientes sociales y contribuiría a desactivar las luchas. A pesar del desempleo masivo, la forma de dinero sigue siendo, por tanto, la condición de la existencia humana; el ingreso básico incondicional simularía así una sociedad laboral sin trabajo. Para Alemania, según el Frankfurter Rundschau: “El estado debería aprovechar la oportunidad de introducir un ingreso universal en todo el país”. Véase Courrier International del 23-03-2020
18 Véase sobre este tema mis propuestas en la segunda parte del libro publicado por Editions du Commun en octubre de 2019: “Agir ici et maintenant – Penser l’écologie sociale de Murray Bookchin” (Actuar aquí y ahora – Pensar en la ecología social de Murray Bookchin). Todavía sin editar en el estado español.
19 Baschet, Jérôme. La rébellion zapatiste. Champs, Flamarion 2019, p.334
20 Véase de Murray Bookchin, p.121 dans :“Pouvoir de détruire, pouvoir de créer”, aux éditons de l´Ëchappée – 2019

¿QUE ESTÁ PASANDO?

Sin saber a ciencia cierta que está ocurriendo en estos momentos (crisis del coronavirus). Tengo una cosa clara: el control social siempre fue una pretensión del poder. Sin embargo, al poder le ha faltado cerrar el círculo para ostentar el control absoluto sin ambages ni contestación. Lo que le ha faltado es la LEGITIMIDAD. Sin ella el control social no es total. Por lo tanto, siempre han estado buscando fórmulas y pretextos para conseguir esa legitimidad y así eliminar cualquier disidencia a su control. La disidencia (o intelectualidad conspiranoica) viene advirtiendo que el poder está intentando hacerse de un control social sin disidencia ni contestación, al estilo del Gran Hermano Orwelliano. Pues entiendo que esta maniobra va por ese camino. Instaurar medidas draconianas de control sin contestación, y con el beneplácito de la ciudadanía. O sea, obteniendo grandes cotas de legitimación. Ya vemos en China a la población de Wuhan tras su reclusión forzosa, ahora comienzan a monitorizarla, de momento con el móvil en todos sus movimientos (quien sabe si después de que todo este proceso pase, serán con la implantación de un chip). Una medida de este calibre en China, con un sistema férreo de control social y político, desde occidente se ha visto como algo que va en consonancia con un sistema totalitario como ha sido el chino que surgió tras la segunda guerra mundial. Y ningún mandatario, ni la población, de los países occidentales ha levantado la voz por múltiples razones como puede ser: es un gigante económico, que tiene en sus manos la deuda de la mayor parte de los países incluyendo la de la superpotencia, venida a menos, norteamericana, etc.… y por supuesto, la gran razón o coartada, de la salud pública. En las Sociedades de los Derechos (las sociedades Occidentales) auspiciada por la corrupta OMS (llena del lobby farmacéutico) y por mol de la declaración de pandemia, lo que son recomendaciones pasa a ser poco menos que órdenes a los Estados Nación. Creando un Gobierno mundial en la sombra, que con los nuevos curas de bata blanca, ordenan como se debe proceder. A estas alturas, ya confinada toda la población de Italia, España y a la que está avocada toda Europa y parte del mundo. Las distintas poblaciones parecen aceptar de buen grado (por mol del miedo al contagio) estas draconianas medidas de pérdida de derechos. Incluso, aplaudiendo sin ambages dichas medidas. Con lo que se está consiguiendo la legitimación del control social sin apenas disidencia. Cerrando así el círculo que necesita el Poder para tenernos a todos bajo su control.

Texto extraído de cadenas de mensajería instantánea. Se desconoce la autoria.

 

Resumen del encuentro de 2016 en Lyon : “Atreviéndonos a poder: dos textos para emprender la salida del capitalismo”, Floreal M. Romero, 2016. Descargar en PDF. En français ici.

Sobre la independencia de Cataluña : Un texto por el grupo de los organizadores del II° Encuentro Internacional de Ecologia social

“Raíces, identidades, territorios. Más allá del Estado y por un cambio liberador”, Pablo Sastre y Laia Vidal, 2017. En français ici.

“Apuntes para una historia del ecologismo”, ALAIDES (Asociación Los Arenalejos para la Investigación y Desarrollo de la Ecología Social), 2000.

Una presentación del programa del encuentro internacional (texto de las charlas de presentación de los encuentros), Floreal M. Romero, 2017. En français ici.

 

Otros textos

 

EN LÍNEA

De Murray BOOKCHIN

“Escucha Marxista !”, Paris, Agrupacion Anarquista “Colectivo”, 1976 / Mexico, Ediciones Acción Directa, 1976.

“Nosotros los Verdes, Nosotros los Anarquistas”, in Inquietudes, Tierra y Libertad [Mexico], 1988 / Ecología Libertaria, 1991.

“El Anarquismo Ante Los Nuevos Tiempos”

“Seis tesis sobre municipalismo libertario”, in La utopia es possible, Negro Despertar, 2007.
Tesis : I II III IV V VI.

 

De otr@s

“El futuro que merecemos”, Debbie Bookchin, 2017. Texto de su charla para el encuentro municipalista internacional Ciudades Sin Miedo organizado por Barcelona En Comú. In English here.

Armand, Emile. Tres Breves. [artículo PDF]. Círculo Individualista Aves del Fuego.

Biehl, Janet. Bookchin en retrospectiva. [artículo PDF]. Rojo y Negro. 25 junio 2010.

Anarquizar la democracia, democratizar la anarquía. [en línea]. Red Libertaria.

Kropotkin, Piotr Alekseievitx. El apoyo mutuo: un factor de la evolución.  [artículo PDF]. Instituo de Estudios Anarquistas.

Martín Beristain, Carlos; Riera, Francesc. La comunidad como apoyo[en línea]

Žižek, Slavoj. Beauvois y la libertad leninista.  [en línea]. La oveja roja. [Prólogo. Beauvois, Jean-Léon: tratado de la servidumbre liberal]

Para Cambiar Todo. Un llamamiento anarquista .   [en PDF] . Crimethinc, colectivo anarquista estadounidense.

No ego fanzine .  [en linea]. Fanzine sobre liberación animal, humana y de la tierra.

Por la Anarquía . [en linea]. Blog anarquista por la liberación total.

El Surgimiento de los Estudios Críticos Animalistas .[en linea]. Web del profesor Steven Best. Liberación Total.

EN LIBRERÍAS

EL ANARQUISMO EN LA SOCIEDAD DE CONSUMO, translation of POST SCARCITY ANARCHISM, by Rolando Hanglin (Barcelona: Ed. Kairós, 1974)

LOS LIMITES DE LA CIUDAD, translation of THE LIMITS OF THE CITY (Madrid: Ed. H. Blume, 1974)

“Ecología y pensamiento revolucionario,” translation of “Ecology and Revolutionary Thought,” brochure (Mexico: Ediciones Acción Directa, 1976)

“Escucha marxista!” translation of “Listen, Marxist!” (Paris: Agrupacion Anarquista “Colectivo,” 1976), brochure

“Escucha marxista!” translation of “Listen, Marxist!” (Mexico: Ediciones Acción Directa, 1976), brochure

“Parte for la Federacion of Libertarian Student” in “Partidos Sindicatos Consejos y Reestructuración Social,” portions of “Listen, Marxist!” (Ediciones Acción Directa, c. 1976), brochure

POR UNA SOCIEDAD ECOLÓGICA, various essays translated by Josep Elias, Colleción Tecnología y Sociedad (Barcelona: Editorial Gustavo Gili, S.A., 1978, 1984)

“Agricultura radical,” translation of “Radical Agriculture,” by Silvia Alatorre, published in the journal of Grupo de Estudios Ambientales (Mexico, 1978); republished in TIERRA Y LIBERTAD 449 [Mexico] (Apr. 1984), and in ECOLOGIA LIBERTARIA (1991)

“Autogestion y Nueva Tecnologia,” translation of “Self-Management and New Technology,” in BICICLETA: REVISTA DE COMUNICACIONES LIBERTARIAS, no. 20 (c. 1980), pp. 35-42

LOS ANARQUISTAS ESPAÑOLES: LOS AÑOS HEROICOS 1868 1936, translation of THE SPANISH ANARCHISTS: THE HEROIC YEARS, by Judith Dellepiane (Barcelona: Ediciones Grijalbo, S.A., 1980); with a new preface

“Conversación con Murray Bookchin,” translation of OPEN ROAD interview, by Ismael Viadiu Ródinas, in TIERRA Y LIBERTAD 444 [Mexico] (May 1983); republished in ECOLOGÍA LIBERTARIA (1991)

“Tesis sobre el municipalismo libertario,” translation of “Theses on Libertarian Municipalism,” by Miguel Jaime, COMUNIDAD (Feb. Mar. 1985)

“Alcunas Reflexiones,” in INQUIETUDES, TIERRA Y LIBERTAD [Mexico] (Jul. 1986); republished in ECOLOGÍA LIBERTARIA (1991)

“Autobiografia,” in TESTIMONIOS [Mexico] (Spring 1986); extracted as “M. Bookchin x M. Bookchin,” in CORREO A [Venezuela] 14 (Sept. 1990); republished in ECOLOGÍA LIBERTARIA (1991)

“Nosotros los Verdes, Nosotros los Anarquistas,” translation from the Italian of “Noi verdi, noi anarchici,” by Mireya Viadiu Llaraza, INQUIETUDES, TIERRA Y LIBERTAD [Mexico] (May 1988); republished in ECOLOGÍA LIBERTARIA (1991)

Preface to third Italian edition of THE ECOLOGY OF FREEDOM, translated into Spanish by Emilio J. García Wiedemann, CNT (Jun. 1989)

“Un Crecimiento que nos mata: La muerte de un pequeño planeta,” translation of “Death of a Small Planet,” by Delia Silva V., in COMUNIDAD [Stockholm] 72-73 (Apr. 1990); republished in ECOLOGICA LIBERTARIA (1991)

“La Politica Radical en la Era del Capitalismo,” translation of “Radical Politics in an Era of Advanced Capitalism,” by Russell DiNapoli in SI VOLEM 8 (1990)

ECOLOGICA LIBERTARIA, Colección Cuadernos Libertarios (Madrid: Ediciones Madre Tierra, 1991)

“Ecologia de la libertad,” introduction to THE ECOLOGY OF FREEDOM, translated by Marcelo Gabriel Burello, in EL LENGUAJE LIBERTARIO, vol. 2: FILOSOFIA DE LA PROTESTA HUMANA, ed. Christian Ferrer (Montevideo: Editorial Nordan Comunidad, 1991)

“El Concepto de Ecología Social,” excerpts from chapter 1 of THE ECOLOGY OF FREEDOM, translated by Juan Gabriel López Guix, in ARCHIPIELAGO: CUADERNOS DE CRITICA DE LA CULTURA [Barcelona] 8 [c. 1992]

“El Concepto de Ecología Social,” excerpts from chapter 1 of THE ECOLOGY OF FREEDOM, in TIERRA AMIGA: REVISTA MENSUAL POR REDES (Montevideo, Uruguay: Red de Ecología Social/Amigos de la Tierra) 3 (Jun. 1992)

“Municipalismo Libertario: Una Panorámica General,” translation of “Libertarian Municipalism: An Overview,” by Félix García Moriyón, in LIBRE PENSAMIENTO: ORGANO DE DEBATE Y REFLEXION DE LA CONFEDERACION GENERAL DEL TRABAJO [Madrid] 13 (Summer 1993), pp. 9-12

Murray Bookchin, Noam Chomsky, and others, EL ANARQUISMO Y LOS PROBLEMAS CONTEMPORÁNEOS (Madrid: Madre Tierra, 1992)

“Ecología sí . . . pero social,” interview with Murray Bookchin, TIERRA AMIGA (Montevideo), no. 20 (Dec. 1993), pp. 42-46

“El Significado del Federalismo,” translation of “The Meaning of Confederalism,” by Carmen Sarue and Agustín Sepúlveda (Santiago de Chile, 1994), brochure

LA ECOLOGIA DE LA LIBERTAD, translation of THE ECOLOGY OF FREEDOM (Ediciones Madre Tierra/Fundación Los Arenalejos, 1997)

“Sociedad, politica, Estado,” translation of “Society, Politics, and the State,” in LIBRE PENSAMIENTO, no. 26 (Winter 1998)

HISTORIA, CIVILIZACION Y PROGRESO, translation of “History, Civilization, and Progress,” by Antonia Ruiz Cabezas (Madrid: Nossa y Jara Editiores, 1997)

Janet Biehl with Murray Bookchin, LAS POLITICAS DE LA ECOLOGIA SOCIAL: MUNICIPALISMO LIBERTARIO, trans. Colectividad los Arenalejos (Barcelona: VIRUS Editorial; and Madrid: Fundación Salvador Seguí, 1998)

LA ECOLOGÍA DE LA LIBERTAD: LA EMERGENCIA Y LA DISOLUCIÓN DE LAS JERARQUÍAS, translation of THE ECOLOGY OF FREEDOM, by Marcelo Gabriel Burello and Antonia Ruiz Cabezas (Madrid: Nossa y Jara Editores, 1999)

“Autonomía o libertad,” interview by Wolfgang Haug (1995), in DIÓGENES [Mendoza, Argentina] 6:12 (Sept. 1998)

Janet Biehl con la colaboración de Murray Bookchin. Las políticas de la ecología social, municipalismo libertario. Ed. Virus, Colectividad Los Arenalejos, Fundación Salvador Seguí. Barcelona, 2009 (1ª ed.1998).

Historia, Civilización y Progreso. Nossa y Jara Editores, Madrid, 1997

Los anarquistas españoles: los años heroicos, 1868-1936. Grijalbo, Barcelona ,1980 y Ed. Numa, Valencia, 2001

La Ecología de la Libertad. Nossa y Jara Editores/Colectivo Los Arenalejos, Madrid, 1999

Murray Bookchin Rehacer la sociedad. Senderos hacia un futuro verde, 2012, LOM ediciones